Mal dia para buscar

23 de abril de 2018

Todo nos parece una mierda.


(Como se celebra el día del libro, os dejo un extracto de "Sé que eres un estúpido")


—Tenemos con nosotros a Roberto Martínez.

Aparece un tipo con barba, camisa, pantalón vaquero y casi con cara de aburrido. Quizá podría ser un tipo con mala leche continua que pide pan y no una baguette integral de media cocción.

—Roberto, no puedo evitar preguntar: ¿todo nos parece una mierda?
—Bueno. Hay que poner un título.
—Sí. También es verdad. Pero, digo yo, ¿no había otras opciones?
—Claro que sí. Siempre hay más opciones, pero Como sigamos así nos vamos a ir todos a la mierda, me dijeron que era muy largo. Así que aproveché el título de una canción pop.
—¿Realmente lo crees?
—Sí. De forma casi inalterable. En realidad, hemos perdido el control de nosotros mismos. Desde la estantería donde nos ponen los productos que debemos comprar en el supermercado hasta la manera que tenemos de aceptar una serie de normas que nos han ido imponiendo sin preguntarnos la lógica de las mismas. El libro es resultado de todos esos momentos y de todas esas situaciones históricas de los últimos años que nos han llevado por un camino que, si lo hubiéramos pensado diez minutos, no hubiéramos elegido y, sin embargo, es por el que vamos caminando.
—¿Y a dónde crees que vamos?
—¿Sinceramente? ¿Se puede decir a esta hora?
—Claro.
—A tomar por culo—dice después de un suspiro.
—No me das muchas esperanzas, la verdad.
—Vamos a ver. Esperanzas hay. Siempre hay esperanza. Pero hay muchas semanas en las que me siento delante de la pantalla, busco entre las noticias e intento encontrar algo que me diga que somos capaces de arropar entre todos a aquellas personas, propuestas o inventos que hagan mejorar al planeta. Y cuándo un tipo descubre una manera de potabilizar el agua de los manantiales de África resulta que no consigue financiación mientras hacemos millonario a otro que ha puesto un gancho en un palo para que tu prima se haga fotos donde salgamos todos. Eso me cabrea. Cuando lo explico resulta que también le cabrea a los demás, pero dos años después se siguen muriendo de sed en África y el inventor del palo está en su piscina lanzando chorritos por la boca como si fuera el mismísimo Manneken Pis o una ballena en medio de la opulencia del capitalismo. ¡Ojo!, que el capitalismo no está mal, pero no elige a sus héroes de una manera inteligente porque si alguien se hace millonario por acabar con las guerras, las desigualdades o el hambre, yo mismo estaría contento de que me pasara su triunfo por las narices, pero no, eso no pasa. Y eso es lo que me hace pensar que todo es una mierda.
—Hombre, visto así, sí.
—Pues eso mismo. Ahora hay elecciones. ¿Va a cambiar algo con nuestro voto? ¿Alguien no nos va a prometer la felicidad eterna o dos docenas de vírgenes a cambio de una papeleta? ¿Lo van a cumplir? Ni siquiera eso. ¿Lo pueden cumplir? Claro que no. No pueden porque, si lo pensamos con lógica, no es posible. No puede ser todo el mundo rico o todos guapos o todos altos o todos felices. No se puede. No hay una sola promesa de amor eterno que dure todos los días y no tendrá éxito alguien que prometa querernos los martes impares y el resto del tiempo respetarnos porque ahí estará, con los cuellos de la camisa por fuera, Tony Manero asegurando que nos puede dar todo siempre. A todas horas. Siempre. Para toda la vida.
—Entonces no crees en las promesas.
—No creo en las promesas imposibles o en todo aquello que suene a infinito porque es imposible. Es como creer que tú, que estás aquí cada noche, siempre estás de buen humor o que yo, que no hago más que quejarme, soy como has dicho antes: un hipocondríaco social.
—Yo siempre estoy de buen humor.
—Y si mi abuela tuviera ruedas sería un carrito.
—Vale. No siempre. Pero tú dices que las personas no son buenas.
—Al contrario. Creo que son buenas. Es más, creo que nos gusta creernos las historias y las promesas. Confiamos. Es algo que nos viene por naturaleza. Pero también nos viene por naturaleza ser permeables a los cuentos. Y la verdad nunca es un cuento. Creerlo y actuar esperando el final del cuento feliz, como si nos vinieran a rescatar siempre en corceles blancos sin hacer nada más que estar esperando, es una estupidez. A veces uno se esfuerza y no le sale bien. A veces hay que limpiar debajo de la cama porque si no lo haces salen esas bolas de polvo gris que parecen esas cosas que vagan por el desierto cuando John Wayne va con su caballo. A veces hay que pararse a pensar un poco antes de hacer las cosas y a veces, como las personas somos intrínsecamente buenas, si pensamos todos es probable que hagamos algo bien.
—¿Y no lo hacemos?
—No. Ese es el problema. Sabemos que hay niños haciendo camisas en vez de estudiar y nos enfurece, pero después compramos las más baratas sin pensar por qué lo son. Eso es lo mismo que votar imposibles. No queremos pagar impuestos, pero queremos luz en las calles. Queremos estar orgullosos de nuestros científicos, pero pagamos por ir a ver a futbolistas. Nadie cobra entrada por ver a un tipo analizando ADN en un laboratorio ni los patrocinan con publicidad en sus batas.
—Tampoco pasa eso en otros países.
—No. No digo que sea un problema nuestro. Es un problema global. Sucede en todo el mundo. Tenemos información. Tenemos conciencia. Tenemos hasta una bondad implícita dentro de nosotros independientemente de nuestra religión o nuestras diferencias. Sabemos perfectamente lo que es bueno y lo que es malo. Aquí y en cualquier otra parte del mundo. Sin embargo, fomentamos, apoyamos y promocionamos muchas de aquellas cosas que repudiamos. Desde el agotamiento de los recursos del planeta hasta el tráfico de seres humanos, la explotación infantil o la esclavitud laboral. Y entonces es cuando nos sentamos delante del televisor, viendo las noticias y lo decimos.
—Que todo nos parece una mierda.
—Efectivamente.

19 de abril de 2018

Criptolopollas

El mismo, exactamente el mismo que montó un videoclub, es el que invertía en sellos, el que puso una tienda de cigarrillos electrónicos, se hizo coaching y ahora te cuenta lo rico que se está haciendo con las criptomonedas.

Huye.

12 de abril de 2018

Zumo y radio.

He tenido tantas veces vértigo de  no estar a la altura que he aprendido a vivir con esa sensación. Es algo similar a haberme creído ser un superhéroe y no poder volar después de coger impulso. Y caer. Volver a ver la misma herida abierta. Oír a un niño riéndose de mi caída y ver a las personas volando de un sitio a otro con la naturalidad de disponer de ese poder como quien respira: sin habérselo propuesto.

He caído en forma de ley de Murphy: golpeándome por el único lugar que me quedaba sano. No estoy moreno, son cardenales. Casi es una constante que se repite y como el perro apaleado me quedo temeroso si es que alguien  se acerca con intención de hacer una caricia. Vivo expectante del próximo fracaso, la siguiente traición o una decepción reconocida. No es bueno y el problema es que se ha convertido en algo habitual. Es más, si no se da el caso muerdo la mano que viene a alimentarme para que se enfade conmigo. Y eso, como un tonto, hace que al final pueda asegurar que tenía razón.

Cagarla es lo más fácil aunque en días lluviosos, sin saber hacer croquetas y con la espalda doblada por alguna carga mal llevada, sueñe dentro del casco y con la visión emborronada por la lluvia sobre el visor en que encontraré la forma de considerar que mereció la pena.

Estoy a la mitad de todo y, como en las películas, parece que el protagonista pierde.

Dime que hay un final feliz a ser posible con zumo de naranja y las noticias de la radio sonando.
Y que estuve a la altura.

11 de abril de 2018

Todos y cada uno de los culos.

Cómo nos gusta echar la culpa a los demás de la mierda que nos abraza cada día.
Además es fácil. Culpar al borbón, a los toreros, a España, a los ricos y a los que no son como yo. Eso nos exime de culpa, que es la peor carga. Decir que siempre se fue a tomar por el culo todo porque los demás fueron unos insolidarios de mierda, porque si, porque "si lo he hecho"- me dijo uno que me había robado abusando de 19 años de confianza- "es porque tengo que comer".

La psicología mantiene, con gran razón, que hay una especie de goma en la moralidad. Algo así como que cuando se reconoce que matar judios es una soberana barbaridad y se acepta que los alemanes son malos, entonces matar alemanes no está tan mal. Es matar, sí, pero son alemanes. Cambia a los alemanes por árabes o por soldados imperiales. Que robe un rico es una vergüenza pero si lo hace un pobre entonces es seguro que se enciende un pilotito en algún lugar buscando una razón lógica y excluyente. Hay un mecanismo que tiene a rellenar los huecos de la manera que se adecua más al resto de la visión que tenemos del mundo. Es lo mismo que los juegos esos en los que hay que completar el resto del dibujo y que se aprovechan de nuestra tendencia a la interpretación.

Sigo manteniendo, con furiosa lógica, que subsanar una injusticia no es nunca crear la injusticia contraria. Si hay que aceptar que la libertad es decir que la madre del presidente es una meretriz mundana también lo es si el presidente lo dice de tu madre. Quid procuo en la estupidez y los lenguaraces. Pero !qué dificil es mantener la equidistancia cuando algo te toca de cerca!

A mi abuelo le jodieron vivo los nacionales en la guerra civil y a su hermano lo mataron los republicanos. En mi casa nunca se ha jugado al juego de la culpabilidad porque en una guerra matan los que ganan y los que pierden. Si no fuera así, vaya guerra de mierda. Pero, claro está, a nadie le gusta aceptar la culpa propia o de los suyos. Es la peor carga pero eso ya lo dije.

"Vamos a comer aquí, que es de mi cuñado y nos regala el postre"- dice mientras se queja de que a una mujer con posibles le regalan un máster por ser ella. Lo difícil es aceptar que los dos, en su medida, hacen lo mismo.

Después hacen canciones con furiosa cólera. En Francia, después de un atentado en el que el carnicero de un supermercado murió al enfrentarse con el terrorista, condenaron a cárcel a una imbécil (vegana, en este caso) que dijo que carnicero muerto es una buena noticia. Dirá que la condenaron, como la youtuber esa que se lió a tiros, porque no le dejaban, esos gobiernos absolutistas, ejercer la libertad de expresión.

"No puede ser que Pablo gane más que Rajoy"- me decían al ver los datos delante de su nariz- "lo que no pone ahí"- concluía- "es lo que Rajoy roba". Y con eso se arregla todo porque hay que completar la idea global con algo tranquilizador. Hacer una tonada que sea lo suficientemente enérgica y chistes, muchos chistes para meter el dedo en el ojo. Tirar piedras para ver si devuelven una y entonces usarlo como prueba de la eterna maldad. Los que estamos fuera no sabemos ya si era antes el huevo o la gallina, los palestinos o los israelitas, Rusia o EEUU, los de la izquierda o la derecha, hombres o mujeres, ricos o pobres, altos o bajos, sirios o sirios.

"¿Ordenó usted un código rojo?". "Por supuesto que lo hice, joder". Esa es una respuesta que jamás oiremos. Porque hay preguntas que no queremos hacer y es mucho, muchísimo más entretenido seguir teniendo a los peleles a los que insultar, criticar y culpabilizar de la mierda que nos abraza cada día que coger una pala, mancharse las manos, asumir los errores e intentar hacerlo mejor.

Hay quien ha aceptado, sin saberlo, el papel de eterno criticón enfadado porque es incapaz de ponerse al frente y cuando se pone, curiosamente, se convierte en lo mismo que criticaba. Por eso lo normal es que, como el jubilado que critica al obrero tras la valla de la obra, no ponga una baldosa.

Y se cierra el círculo. Como mucho, cambian los ritmos musicales. Me falta una canción que diga "yo robo porque los políticos también roban y no voy a ser menos". Alto, claro y con orgullo.

No me gusta que me sodomicen sin avisar, de cualquier lado. Al ritmo que sea.
Pero, joder ya, me teneis un poco hasta las narices de considerar que la mierda siempre es de los demás. Sobre todo porque los demás piensan lo  mismo.

Y mientras tanto, huele. A reivindicación y a falta de callarse y ponerse a trabajar para frotar con amoniaco en todos y cada uno de los culos.
A mi me enseñaron  a limpiarme el mío y no voy por ahí diciendo que si está sucio es por los demás. Me cae mucha y seguramente lanzo bastante, aunque intento ser consciente de ello (la mayor parte del tiempo). Nunca he dicho que hubiera una confabulación judeimasónoca contra mi persona. Y tengo pruebas, como Iker Jimenez, el gobierno, la oposición, un patrón o un obrero, para demostrarlo.

5 de abril de 2018

Yo first.

Hay profesiones que han perdido, indudablemente, el prestigio. En un artículo hablan de periodistas, abogados o maestros. "Cuando éramos pequeños y llegábamos a casa diciendo que el profesor nos había pegado nuestro padre nos daba otra bofetada. Ahora denuncian al profesor y mandan al niño a un psicólogo infantil"- es una frase que he oído varias veces. Pero, claro está, si los padres no sienten ningún respeto por el profesor los niños, que son espejos, menos.

Lo curioso es que no soy capaz de encontrar una profesión de respeto (que no sea youtuber si es que eso fuera una profesión). Los jefes son unos explotadores, los políticos ladrones, los funcionarios  vagos, los periodistas voceros y los que trabajamos cara al público las putas (en el sentido arquetípico de la palabra) de todos.

Los futbolistas niños ricos consentidos, los informáticos raritos onanistas, los taxistas malhablados, los peluqueros maricas plumosos, los dentistas médicos frustrados,  los psicólogos manipuladores, los policías amantes de la violencia gratuita, los artistas drogadictos, los hombres maltratadores y la mujeres feminazis. No es cierta ninguna afirmación pero hay quien las acepta todas excepto la que le toca de lleno. Curioso exigir respeto por uno y no respetar a nadie. "Yo primero" es el eslogan que viene con el "America First" y presupone esa visión egocéntrica tan de moda hoy en día y que alimenta las convicciones de los derechos propios en detrimento de los demás, excepto si los demás sólo suponen problemas a otros. Dejemos ocupar viviendas si no es nuestra vivienda, vender producto falsificado si no es nuestro producto. No comamos carne excepto si nuestro padre resulta que es ganadero o carnicero. Acabemos con los bancos porque son explotadores al abrigo de los gobiernos capitalistas. Y ademas los banqueros y los bancarios son cocainómanos al estilo del Lobo de Wall Street.

No es que no haya prestigio sino que vivimos en lucha constante contra todo aquel que no sea uno mismo. Exactamente igual que uno mismo. Clon. Yo . Yo first.

Fiera, vamos a tener que llevarnos mal de nuevo



Rock&Roll de aquí, de ese fácil que sale de dentro (de 2:12 a 4:55...) y del que conozco todos los bares y todos los paisajes. Es curioso lo de los paisajes: a veces son cacofónicos, a veces reconfortan. Sueño con escapar de los paisajes de siempre pero cuando me los encuentro, me calman.

4 de abril de 2018

¿Si tus amigos se tiran por el puente? Te tiras.

Lo primero que hay que decir al seguro cuando te roban  algo es que fue con violencia, con mucha violencia. Algo casi de película de Charles Bronson. Porque si es un hurto quiere decir que te han robado por gilipollas y ser un gilipollas no está cubierto por el seguro.

Se aprende en primero de partes al seguro.

Si algo tenemos claro es que el elemento más débil es aquel por el que se rompe la cadena. En la tecnología el elemento más débil siempre es el usuario porque existe una probabilidad muy alta de que sea gilipollas. O torpe. O tonto. O estúpido,que no es lo mismo pero como resultado puede ser casi igual.

Hay una gran indignación porque resulta que alguno ha descubierto que facebook se alimenta de la venta de sus datos. Se sorprenden y se indignan, a partes iguales, cuando es algo que ya se sabía. Es algo parecido a asustarse porque en invierno hace frío y en verano calor. Lo ponen en sus perfiles diciendo que sus datos son suyos y después, como quien no quiere la cosa, ponen fotos de sus hijos menores o la marca de su nuevo coche o si quieren comprar un jersey. Lógico es pensar que como son sus datos facebook no va a ir a un vendedor de jerseys a decirle que un tipo quiere uno de lana. Claro, no lo va a hacer.

Hablando del tema comentaba con un muchacho que si yo, digamos, tuviera el dato de qué persona atractiva tiene ganas de no dormir sola y puedo vender ese dato en la puerta del bar en el que va a entrar, quizá es más que probable que alguien pagara por ello a fin de incrementar sus probabilidades de éxito. Bien, pues en ese caso yo soy facebook , el comprador una compañía y la persona, que ha entrado gratis a cambio de esa información, no tiene derecho a escandalizarse porque  el dato me lo ha dado ella, que es, una vez más el elemento más débil de la cadena. Y el producto.

Cuando algo es gratis el producto eres tú.
Pero nos centramos en Facebook cuando en realidad las aplicaciones lo que buscan en saber más y más de nosotros para descubrir, después, a quien  se lo pueden vender. Grindr, la aplicación estrella de contactos homosexuales, tiene un apartado en el que los usuarios indican si son portadores de ViH para que de esa forma los demás sepan el riesgo. Es algo muy digno pero da la casualidad que ha vendido ese dato y alguno se lleva las manos a la cabeza porque le legan anuncios de farmaceúticas que no deberían de saberlo. Pero lo saben y lo saben porque se lo has dicho tú, que eres gilipollas.

Google vende tus intereses de compra, los sitios donde estás, a quien llamas, las horas que el teléfono se queda en la mesilla de noche. El banco el dinero que tienes, dónde sacas la tarjeta. Las tarjetas de fidelización de cliente cruzan los productos que compras y saben, con la minería de datos (que no es nueva) que cuando compras leche te llevas azúcar. Así que subiremos el azúcar y pondremos una oferta en leche, para que caigas como un lerdo. Yo siempre miento en el número del código postal cuando me lo preguntan en Ikea porque sé que no es para hacerme ningún bien pero muchos siguen creyendo en la bondad de la compañía y que es para darles una piruleta en forma de mueble con diéresis. Con los datos se sacan conclusiones y cada vez que nos conectamos no se mira las tonterías que escribimos sino el modelo de nuestro ordenador o teléfono (que habla de nuestro supuesto poder adquisitivo), nuestras búsquedas anteriores (que puede determinar nuestra edad y sexo), la ubicación (que determina nuestra posición geográfica habitual), nuestros contactos (que hace suponer que algo tendremos en común con esas personas) o, yo qué sé, el paisaje de nuestras fotos (que da una idea de si viajamos, a dónde y en qué fechas). Regalamos cosas que ni siquiera imaginamos.

Uno de los timos más absurdos de los últimos años son todas esas aplicaciones que prometen poder espiar el whatsapp de tu ex. Lo que demuestra es que muchos quieren ser una de esas compañías y que pagarían por los datos que luego se quejan que les roban. Es lo mismo que quejarse de los ricos y cuando uno, por herencia, azar o pelotazo lo es,  se convierte en un imbécil.

Pero hay algo más grave, más absurdo: el uso de aplicaciones gratuitas crece exponencialmente. Los datos van y vuelan, se cruzan y se acumulan. Instagram, Snapchap, el Gps de tu coche, la tontería esa para ponerte orejitas en las fotos que pide acceso a tu agenda, Twitter. Todos van  a por los datos y a todos se les da. Las opciones de navegación privada de los navegadores, que están ahí, no las usas, ¿verdad?.

Algún adolescente y más de un adulto afirma que hay que estar en esos lugares porque ahí están todos sus amigos y conocidos, tirándose por el puente. Y las madres siempre dicen que si tus amigos se tiran tú deberías de no hacerlo.

Ya nadie hace caso a las madres. O es que ya están todas en las redes, poniendo tonterías.




Pd: Luego jurarás, cuando saquen una foto tuya borracho hace años al ir a buscar trabajo, que te robaron los datos con violencia. Pero no, es un hurto.

28 de marzo de 2018

Respeto por el suicida

Hay veces, demasiadas, en las que cuando alguien reniega de la sociedad en la que le toca vivir y da la casualidad que esa sociedad pertenece a lo que se supone que es un primer mundo organizado y cabal, le empiezan  contar que tiene salud, que no vive en Siria, que puede comer todos los días, que hay gente que le quiere, que sale el sol por las mañanas y que debe de estar feliz por saborear el regalo que es la vida.

Y entonces le dicen que debe de dejar de fumar porque se va a perder el final maravilloso de envejecer con alegría.

Partiendo del hecho que el sol sale en todos los sitios es probable, sólo de una manera puntual, que quizá a alguien no le guste su situación, y que es tan lícito como salir cantando todas las mañanas "viva la gente". Podría ser peor, es un eslogan.

A alguno puede que no le guste la hipocresía y la homeopatía, el reiki y la música que se empeñan en imponer desde despachos inconfesables. Alguno, cansado de sentir las traiciones de las ratas que, citando a la "chaqueta metálica", cuando le sodomizan ni siquiera le hacen una paja (y eso es de ser muy desagradecido). Alguno, quizá y justo dos centésimas de segundo antes de encender otro cigarro, le importa bastante poco la vida tal y como se entiende: un engranaje que ni siquiera es necesario para el giro de la rueda. Hace un sonido raro cuando no está pero con el tiempo los dientes se liman y todo vuelve a la normalidad. Nunca conté el número de dientes del piñón grande de mi bicicleta. No me importaba.

Otra cosa debe ser sentirse necesario, aunque sea una mentira bien formulada.

Sin preguntar el por qué, que es una deformación muy de ingenieros de corazón, necesitamos un Dios con forma de obligación para levantarnos por la mañana, incluso en el primer mundo. Y si eso desaparece o deja de tener sentido, si ese objetivo, proyecto, trabajo, crianza o hobby deja de tener valor entones la desazón carga sus balas de lógica, que son como las de plata para los vampiros.

Nos creamos nuestra necesidad en el mundo, nuestro hueco para tirar de la cadena de tracción en la bicicleta. Es algo perfectamente válido. También lo contrario, dentro del debido respeto a quien no piensa igual, a quien no encuentra valor a vivir porque sí, sin que haya una consecución de objetivos. Beber por beber, gritar porque sí, actuar sin pensar es algo animal e irracional. Suicidarse, en determinados momentos, no tiene parangón en mundo animal (aunque hay casos) y no se entiende, por parte de los vecinos que dicen ante las cámaras que era un hombre feliz. No se explica fácilmente por qué dejé de llamar y es que me sentí innecesario. Fui a poner las bombillas, a reparar el ordenador, a montar un mueble, a cocinar pero luego, cuando no había motivo aparente, no fui. Y me sentí absurdo suicidando lo que fuera aquello sumergido en mi bañera. Atorado, intentando comprender el por qué, que es una deformación

Todavía es un misterio el por qué unas sociedades son más felices que otras pero vivir, quizá desde un posicionamiento demasiado exigente para con lo que nos han educado que tiene la vida de maravilloso, inmediato y pleno, no es, en ocasiones, un regalo. ¿Por qué?. Porque es muy cabrón admitir que no era tan luminoso y brillante, que no estábamos destinados a un blanco y pulcro despertar cada mañana y que no se va canturreando al trabajo para sentir la emoción de mejorar cada día porque el esfuerzo y el sacrificio no es sinónimo de recompensa sino, a veces, de decepción.

Respeto mucho más a los suicidas que a los que sonríen siempre como tontos drogados que dicen que disfrutan de todo lo que les pasa porque le encuentran el lado bueno a las cosas.

Y admiro a los que han encontrado el sentido. A esos sí, mucho.

24 de marzo de 2018

Crazy Liar People

En 1980 se estrenó Crazy People (con la traducción sublime de "Locos, locos pero no tanto" en España (aunque se encuentra tambien como "gente loca"). En ella Dudley Moore es un publicista que decide, entre otras cosas, decir la verdad en la  publicidad. Más o menos, así:


Le toman por un pirado aunque en realidad utiliza a los internos de un psiquiátrico para realizar sus anuncios.

Decir la verdad, antes y ahora, está hipócritamente valorado. Decimos que tenemos la suficiente sangre fría como para oir cualquier cosa pero luego nos escandalizamos al escuchar la realidad. Nadie daría las fotos de su hijo recién nacido a un extraño pero luego las cuelgan en Internet sin querer oir que hay un Taiwanés loco que comercia con ellas. El caso de Cambrige Analytics y Facebook es el último pero no el primero. Tras una aplicación gratuita de esas que nos hacen tanta gracia se aceptaba en acceso a los datos personales, después esos datos se vendieron a los amigos de Trump (por más o menos un millón  de dólares) y ellos hicieron lo posible por ir lanzando píldoras que hicieran a la balanza de los votos inclinarse en un sentido que ya sabemos cual es. Se sacan dos conclusiones que no nos gusta oir: La gente es tonta (dos veces). una por dar los datos alegremente para un supuesto test de personalidad y otra por caer en las trampas de la publicidad que nunca, jamás, les dijo abiertamente la verdad porque si se la pusieran de tal manera que se entendiera quizá no tendríamos el resultado naranja alopécico que tenemos. Nadie quiere oir la verdad. Nadie.

"Hola, somos de Podemos y te vamos a prometer cosas que te gusta oir, que no se pueden cumplir y somos unos tiranos en chándal"-"Hola, somos del PSOE y queremos hacer las cosas bien pero nos salen fatal mientras nos acribillamos entre nosotros por un poder que no tenemos"-"Hola, Ciudadanos va a matar a los feos y a los pobres,  pero nos va a quedar un pais chulísimo"-"Hola, los del PP vamos a hacer lo que nos salga del orto lo quieras o no, porque nos volverás a votar"

Nadie dice eso.  Ni siquiera una aproximación. La verdad no se premia sino que se castiga.  Decir "me equivoqué" es mucho menos rentable que echar la culpa a otro y por eso la generación que viene detrás es la reina de culpar a otro. Lejano y malvado, convertido en un arquetipo de la ordinariez. Cuando por fin aceptó la verdad y reconoció que se acostó no con uno sino con tres (no a la vez, espero) me gritó diciendo que la culpa era mía porque... ya no recuerdo el por qué pero sí que era mi culpa como si yo les hubiera bajado los pantalones delante de su misma cama. Y además me preguntó si yo había estado con alguien después y yo dije que sí, rotundo  y veraz. "¿Ves"- siguió en su indignación- "Además me has engañado". Yo dudé un poco como si en realidad tuviera una causa efecto aunque los tiempos fueran a la inversa (ya que yo siempre dejo que las damas pasen primero) y ella siguió en que la culpa de todo es mía. Soy malvado en cuatro ocasiones y lo cojonudo es que no me corrí en ninguna. En tres ni siquiera estaba. Pero el malo, soy yo. Creo que soy el único que dijo la verdad porque me dejé al último. Fueron cuatro. Era una chica muy popular. Lo digo sin acritud porque la sigo teniendo cariño, qué le voy a hacer.

¿No quieres preguntar nada?- me dijeron hace unas semanas. Respondí que no. Con asombro me preguntaron el por qué. -Porque no quiero saber la verdad. No me vale para nada.

Ayer hablé con una empresa de programación para ver la posibilidad de hacer un app que dijera, como bofetadas, la verdad a la cara del usuario. Que le dijera, con la posición del gps, que dejara de comer comida basura y fuera al gimnasio porque se iba a poner como el Piraña. Que al marcar algún número le recordara que aquella persona le hizo mucho daño y que quizá no es la mejor opción. Que al estar en la calle de madrugada un día de diario le dijera que iba a llegar al trabajo con una resaca descomunal. Que al dejar el teléfono en una misma posición toda la noche sin ser esa su casa le preguntara si se quiere meter en una relación otra vez. Que volver a ver esa foto no le hace bien. Que llame a sus amigos y a su madre, joder.

Les dije que dejaríamos bien claro que nos vamos a quedar con sus datos y venderlos, que queríamos tripular una nueva sociedad de la información clara y transparente. Que ese era el enfoque rompedor: no mentir. Se estuvieron riendo de mi.

-No es que la gente quiera oír la verdad- me dijeron. -Piden a gritos ser engañados y lo más curioso es que les gusta. Es una sociedad de sadomasoquistas.

Pusieron un ejemplo: "Alguien compra un Apple y Apple le jode con las baterías o cerrando programas. ¿Qué hacen? Se compran otro Apple."

Lo curioso es que la historia está llena de triunfos basados en mentiras y de grandes trabajos subyugados por la verdad. Mira los anuncios, todos mienten. Escucha a las personas en las barras de los bares: son anuncios.
Porque si dijeran la verdad no tendrían con quien hablar.

23 de marzo de 2018

Hugo y los dramatismos.

Viene una tormenta. Se llama Hugo. Va a acabar con todos. Y todos sabemos, en nuestro interior, que es una tormenta más. Ya se sabe: frío, lluvia, película y manta. Cae cerca de Semana Santa pero si llueve los que no nos vamos de vacaciones a Punta Cana (que es un lugar al que no iría sin drogarme jamás, por lo de irrisorio del destino) sentiremos esa extraña satisfacción de creer que los que se han ido por ahí están corriendo bajo los rayos y que, con suerte, les alcanzará alguno. La realidad es que los pobres disfrutamos mucho con el mal de los que son más afortunados que nosotros.

Ya no hay tormentas sin nombre, escándalos sin titular casi apocalíptico.

La caída en desgracia magnánima del último político. El crimen trascendental del titular del próximo periódico. Cuando Nieves Herrero vio truncada su profesión por hacer amarillismo con las niñas de Alcacer no sabía que aquello era un jardín de infancia con lo que se hace desde los informativos cada día justo ahora 25 años después.

Todos, absolutamente todos los días sale una encuesta a pie de calle con alguien que dice que jamás había vivido algo tan dramático como lo que se trate. Siempre sale un agricultor, con pinta de agricultor (que eso implica sabiduría), que dice que nunca nevó tanto o que la sequía fue tan fuerte. Después se agacha y coge un pedazo de tierra entre las manos y pide la titulación de zona catastrófica mientras lo convierte en arena entre sus dedos.

¿Es todo tan del juicio final o vivimos en un titular?. Al contrario a veces: la mayor victoria deportiva. El amor eterno encontrado. Ella espera que le diga que lo nuestro durará siempre o que le diga que la engaño con el equipo femenino de waterpolo de Chequia, pero lo que no vale es decir que hoy estoy bien y que mañana no lo sé. No vale decir que me apetece irme a casa sin más porque eso, que no es noticia porque no toca ningún extremo, es una respuesta a medias. A veces ni siquiera vale como respuesta. Si o no. Una abstención no es nada (excepto si eres de la CUP).

En un negocio o triunfas o fracasas pero ya no vale sobrevivir. Ademas tienes que perder cuatro millones al día (como Tesla) o ser el hombre más rico del mundo aún a costa del comercio mundial (como Bezos). No hay lugar para las medias tintas ni para los catarros que duran tres días. Eso no vale. Vale el cancer terminal (ya nadie muere de viejo, necesitamos un diagnóstico) o ganar en el torneo de iron man. Vale ser ingeniero hidráulico porque ser fontanero está mal visto. Llevar diez años en paro durmiendo en la furgoneta o tener seis máster y servir pizzas de falso autónomo con Glovo. Mierda, los extremos cada vez necesitan llegar a límites insospechados.

Yo sigo creyendo, cada vez que alguien me cuenta la realidad que se cree de su extremo, que es mentira. Conozco a jubilados de 2500€ que se van a las manifestaciones junto a otros que cobran 600€. Nadie dice cobrar 1550€, que es más de lo que cobra la mayoría de los que trabajan. Conozco a quien siempre asegura que vivió una relación traumática con una persona tóxica porque decir que aquello no funcionó es demasiado vulgar. Conozco a quien exclama que el yoga es lo mejor del mundo pero hace tres meses decía lo mismo de reiki y dentro de tres lo dirá de veganismo. Conozco a quien fue a las manifestaciones a gritar dándole exactamente lo mismo el motivo, porque lo importante es indignarse, establecerse en extremos, vivir las mayores plagas y, por supuesto, las más grandes tormentas.

Me pillará en la calle sin paraguas y con un gran escepticismo.

No me creo los titulares y por eso (también) soy invisible.

Me mojaré, pero sin dramas. Solo, por supuesto, porque no supe decir que era el amor para siempre y porque ninguna selección deportiva femenina (ni atleta) se fijó en mi. Eso sí que sería un titular más allá del fin del mundo.

18 de marzo de 2018

Again (Archive)

You're tearing me apart Crushing me inside You used to lift me up Now you get me down If I Was to walk away From you my love Could I laugh again ? If I Walk away from you And leave my love Could I laugh again ? Again, again... You're killing me again Am I still in your head ? You used to light me up Now you shut me down If I Was to walk away From you my love Could I laugh again ? If I Walk away from you And leave my love Could I laugh again ? I'm losing you again Like eating me inside I used to lift you up Now I get you down Without your love You're tearing me apart With you close by You're crushing me inside Without your love You're tearing me apart Without your love I'm doused in madness Can't lose this sadness I can't lose this sadness Can't lose this sadness You're tearing me apart Crushing me inside Without your love (you used to lift me up) You're crushing me inside (now you get me down) With you close by I'm doused in madness Can't lose this sadness It's riping me apart It's tearing me apart It's tearing me apart I don't know why It's riping me apart It's tearing me apart It's tearing me apart I don't know why I don't know why I don't know why I don't know why Without your love Without your love Without your love Without your love It's tearing me apart

Pd: 4:50

17 de marzo de 2018

End (neuman)

I'm not worth it anymore Only if I choose to tell It will come with time All the love foregone I missed it all the time All we ever had All the love foregone Only if I choose to tell The end of love will come All the love foregone The end of love will come I miss it overtime I'll never love again The last of all this love I missed it all the time Only if I choose to tell The last of all this love It will come with time, I know The end of love will come The end of love is close The end of love undone

pd: y son de Murcia.
para el que tenga prisa: 3:12

12 de marzo de 2018

Fuera de la media

Yo antes escribía mejor, o no. Ya no lo sé. Simplemente estaba en un momento en el que me dedicaba a aprender de todo lo que iba pasando alrededor. Siempre he tenido un par de facetas que me hacen ser yo mismo y que nunca he descubierto si acaso me hacían diferente, especial o uno más. Por una parte siempre quise creer que la media era yo. Que había personas por arriba y por abajo pero que la media estaba establecida en mí mismo. De esa manera todo estaba en una situación de calma. No era muy alto ni muy bajo. No tenía mejor o peor visión, mayor o menor fondo físico. Mi pene era de un tamaño medio y la situación o las aspiraciones en la vida eran, más o menos, las mismas que todo el mundo con pequeñas variaciones. Duraba en la cama y tenía los fracasos sentimentales que se establecían en el punto de control de las estadísticas. Mis miedos, los gustos musicales o el sentido del humor los creía equilibrados dentro del maremágnum de diferentes pequeños condicionantes. Estaba convencido que la mayoría de las personas eran plenamente conscientes que el reggeton es basura machista de bajísimo nivel musical. Era capaz de entender que de la misma manera que yo canto gritando canciones de los nikis otras personas disponen de sus propias bazofias para los momentos en los que la pulcritud se esconde tras un gran consumo alcohólico. Pero no, me llené de estupor al descubrir que hay a quien le gusta de verdad y que se lo canta al oído a su pareja, tatuada con tribales, al salir del after en un claro proceso de cortejo animal. Quizá hasta enseñando las plumas de colores y haciendo círculos alrededor, como en un documental de animales de la2 en el Serengueti.

No son casos aislados, que es lo que se tiende a pensar cuando la excepcionalidad llama a la puerta. Llega un determinado momento en el que, con estupor y sorpresa, se descubre que ya no se vive en el centro de nada. Que hubo un momento, quizá en el que vivía despistado, en el que todo se desordenó y nadie puso una alarma avisando. No era una trivialidad ser un gilipollas. Era la norma. Y lo digo con un gran cariño hacia los gilipollas porque hemos conseguido que estén bien vistos. Que se vea con buenos ojos al egoísta miserable incapaz de pensar en el bien global, que se admire absurdamente al que lo compra todo más barato. Que se conviertan en verdad mentiras astronómicas como que si se envían no sé cuantos miles de mensajes por whatsapp el gobierno cederá ante la última reivindicación en la red. Que el habitante medio sea más alto que yo y que, por supuesto, disponga de una virilidad mucho más potente que la mía. Que hacer gorgoritos en un plató de televisión sea ser músico y que publicar muchas cosas en twitter sea ser un influencer envidiado.

Así que la media ya no está donde yo la tenía controlada. Desconozco si estoy arriba o abajo aunque quizá lo que pasa es que empiezo a no estar. O estar asustado desde el último asiento del auditorio de la vida. O haciendo la mejor interpretación de mi vida en un escenario sin público. A veces me aproximo cada día más a ser el árbol que cae en medio del bosque y no sé si hago ruido o no. Es una sensación muy similar a la de un adolescente perdido ante la necesidad implícita de salir al aire más allá de su muro pero a una edad mucho mayor y habiendo volado la cantidad de kilómetros necesaria para asegurar que el rodaje está bien hecho. Sin un guía, aunque los padres ya no dirigen los pasos de nadie, motivo por el que hay quien se deja en manos de su coach, de su fisioterapeuta o de su dealer, como si fueran el oráculo de la verdad. Hay quien tiene la suerte de tener alguien, que no le ha abandonado por culpa de la idealización  de la verdad o las prisas de las hormonas, al que consultar sus miedos antes de dormir por la noche pero no es mi caso porque aunque me convencí de buscar refugios sólo encontré escondites.

Cada día que pasa soy un poco más John Malkovich atormentado y loco, pero con sus razones. Quizá escribía mejor, o no. Pero alguien me leía. Aunque siempre soñé en que me descubrieran se me olvidó encontrar a alguien que me dijera que me estaba alejando del medio, que es donde está la virtud.

Aunque el medio no me guste por lo menos es un lugar al que pertenecer. En el que sentirse necesario. Aprender a estar en la media.

Juan Salvador Gaviota es una historia triste con un final feliz que, en la vida real, no llega. También parte de la idea absurda en la que todos y cada uno tenemos un gran poder que descubrir y nos salva pero la realidad y la soledad no te rescatan. Los finales son siempre un tipo de rescate, como las manos que te sostienen antes de caer al suelo.

Escribí un libro con un final descorazonador que partía de la idea básica de que nos vamos literalmente a tomar por el culo. Quizá sólo es que nos separamos de lo que creí que era lo normal y lo normal, en realidad, es la perpendicular a una superficie plana.

8 de marzo de 2018

Me hubiera encantado escribir estas frases pero no, no son mías. Sin embargo tienen ese regusto al orgullo nunca admitido que tiene la soledad del soltero entrado en años, la soltera que se cuida y que por una u otra razón abre una botella de vino los jueves al llegar a casa mirando por la ventana la vida de los del edificio de enfrente. Tiene algo de escondite y añoranza. Idealismo. Y vuelta al disfraz de la modernidad.
Lo hubiera firmado yo pero no, no son frases mías.

5 de marzo de 2018

8m. Pasada de frenada.

Soy un polemista.
Y un gilipollas.

El jueves se celebra una huelga general de mujeres contra la opresión que sufre la mujer por ser mujer y ya, de paso, contra los imperialismos, la marginación, la falta de respeto de las identidades sexuales, la explotación, la pobreza, las grandes empresas, la mala educación, el capitalismo, los recortes, la corrupción y la represión (lo pone aquí)

Dan ganas de exigir también, con furiosa cólera, wifi gratis y netflix para todos. Claro que visto lo visto quizá sólo debería de ser para mujeres porque, y ahora  viene la polémica, hay pasadas de frenada en las que se considera que discriminando al contrario se consigue la igualdad. Es la versión miserable de la discriminación positiva. No se avanza mucho entonces desde la forma en la que los franceses acabaron con  la opresión de la monarquia: cortando la cabeza al rey.

Es lógico. Es cierto. La mujer, de la misma forma que los homosexuales, los de otras razas,los de religiones minoritarias, los minusválidos  o los que eran pobres tuvieron el futuro mucho más complicado que los que tuvieron la suerte de nacer ricos, bien formados, católicos, blancos, heterosexuales y hombres. No podemos negar que eso es una verdad. Tampoco podemos negar que, y son datos ciertos: el 85% de los sin techo son hombres, el 70% de los asesinados son  hombres o que incluso el 40%  de los abusos domésticos se ejercen hacia hombres. Incluso se puede asegurar que siendo hombre,por un mismo delito, se tienen 3 veces más de posibilidades de ir a la cárcel que siendo mujer. (datos, supuestamente, de feinistinfo)


Pero resulta que la tontería esa de que todo lo español es malo si eres catalán independentista, que todo lo miserable viene del mundo heterosexual si eres gay, que todos lo que se lleva las ayudas son los inmigrantes o que el problema de que la sociedad sea una mierda es porque han mandado los hombres hasta ahora no es más que una tremenda soplapollez fruto de un  simplismo absurdo en todos y cada uno de los casos. ¿Por qué? Porque el problema es el otro.

Tengo una manera muy loca en la forma de vivir: trato a las personas como personas. Me da igual su origen o su sexo, su religión o su credo pero no llevo nada bien los victimismos. Será, quizá, que soy un tipo muy raro y que por ahí existen quienes creen que tienen más derechos que los demás. Claro que visto lo visto EXIJO que se me trate como un inmigrante, gay, mujer y minusválido, si es que con eso estamos todos en igualdad de oportunidades. Nunca he sido un defensor de la discriminación positiva. En mi universidad éramos un 80% de hombres y un 20% de mujeres. Por estadística pura y suponiendo un rendimiento idéntico un 30% de mujeres tenían una ventaja injusta por ser minoría.

Creo positivamente en la igualdad pero creo que matando al hombre no se soluciona el problema. Quitar a un dictador para poner a otro sólo cambia la  balanza  pero no la equilibra y lanzar un mensaje miserable en el que el hombre es el responsable último de nuestra sociedad injusta resulta de una bajeza indigna de seres inteligentes.

Por supuesto que estoy a favor de la eliminación  de las desigualdades, la equiparación salarial (las actrices porno cobran mucho más que los actores porno), la igualdad entre las personas y la generación de las leyes y sistemas educativos en los que no se discrimine a nadie por elementos que no tienen que ver con sus capacidades innatas.

Pero no estoy a favor a pasarse de frenada. No estoy a favor de aceptar como un hecho que todos los hombres matan, que todos los políticos roban, que todos los cantantes de reggetton violan a sus parejas, que los de derechas no tienen corazón o que la tierra es plana.

No comparto las campañas en las que discriminar al hombre es moderno y llamar guapa a una mujer es un insulto machista penado por ley. Hace unos años, cuando en una tertulia y con un exceso de pluma considerable un compañero decía que le gustaba mucho el nuevo cámara y que se lo llevaría a la cama yo le pregunté si acaso el hecho de que yo dijera que a la chica cámara la iba a meter mi polla por el culo hasta que le saliera por la boca le parecía de buen gusto. Obviamente me dijo que no  y yo le espeté que es del mismo mal gusto que lo suyo. "Ya, pero yo soy gay"-  me dijo como si eso fuera un eximente. Y no, no lo es. Tampoco lo es, hay en día, si eres mujer.

Porque si para reivindicar ser mujer tienes que ser y hacer lo peor que han hecho los hombres a lo largo de la historia eres una imbécil.

Así que no estoy de acuerdo con el ruido del dia 8. Sí con la base, no con  las formas.

Y ahora, si quieres y como soy un polemista, me llamas gilipollas. O portavoza. O machirulo. 

26 de febrero de 2018

Apocalisis a nivel de usuario

Alguien que lee este blog y al que le gusta la música en la que se lleva sombrero de vaquero, se monta a caballo y se caza, con lazo, una res, mantiene que todas las canciones del mal llamado pop nacional se parecen a los planetas. Esta vez le voy a dar la razón.
Y dentro de la sencillez de la canción el mensaje es brutal.

Hay veces que necesitamos creernos las maldades y las conspiraciones para echar por tierra lo que nos llega como un  premio. A veces estamos esperando que venga alguien y nos joda el soleado día. Deseamos, sin decirlo, que haya un problema insalvable para ratificar que la vida no nos quiere. Seguir con nuestra nube a todas partes. Tapar la luz con una cortina y gritar que todo es gris. Ratificarnos en nuestro desastre. Hacer real una autoprofecía, una apocalipsis a nivel de usuario.

Conozco a alguien así, duermo con él a diario. Yo suelo dormir solo. En  mi lado.

Pd: segunda letra:
"hoy vienes conmigo te arrastraré hasta el banco en el que vivo y lo único que exijo es plena meditación y nada de ambiciones que me aparten del camino de puto fracasado que me tengo preparado. Me dirás que puedo ser mejor pero sé que esta vez algo va mal conmigo. Quiero que me cuides mientras me torturo como si fuera el fin del mundo y lo llevaré contigo. No me dejes solo. Puede que me que me pegue un tiro. Me dirás que puedo ser mejor pero sé que esta vez algo va mal conmigo Es tu lado humanitario que hace que me quieras que por encima del umbral de la razón y la cordura. Ven a sumergirte en este cubo de basura (bis)"