Mal dia para buscar

24 de noviembre de 2017

Fraudey.

Los cuervos, dicen, van a los lugares que brillan y te roban las joyas aunque sean de mentira. Es algo que no pueden evitar y va intrínseco en su adn. Dale a un español una oferta.

Una oferta que deje bien claro que es ese momento, ese instante y ese producto. A ese precio que no hace falta contrastar pero que lleva unas grandes exclamaciones. Que sea algo grande o brillante, con mucho de todo y que sea algo por lo que el vecino pagó bastante más. Una oferta que da igual que sea mentira o que sea uno de esos restos que quedan en los almacenes y que no saben cómo quitárselo de encima. Una oferta, un "¡ahorra o nunca!", un "¡sólo hoy!".

Dale a un español una oferta, porque ya no importa nada como si fuera una zanahoria delante del burro de sus entrañas. "Orina de perro: antes 100€, ahora sólo 2€. Sólo hoy". Alguno lo compraría orgulloso.

Hoy es el día del brillo. Hay cuervos orgullosos en los telediarios.

Haceos un favor: ved si la vergüenza está de oferta.


Pd: no sé si es algo nuestro como el rabo de toro en salsa o es algo humano. En eso tengo dudas.

Las canciones parecidas.

Tengo una absurda sensación: muchas de las canciones que oigo podrían ser perfectamente la banda sonora de un anuncio de cerveza. Están contenidas, tienen un "chispún" emocionante y acaban perfectamente orquestadas. Los videos, en todo caso, podrían empezar con un tipo pensativo en una playa y terminar en una fiesta con mil millones de amigos, más que Roberto Carlos (el cantante)
Me temo que, aunque correctas en su forma y realización, morirán en el mismo nicho. Y es una pena pero creo que cuando no es nada más de lo mismo que ya conocemos al final y se convierte en nada. Pero es algo temporal ya que llevo una semana pensando que el Jack&Diane de J. Mellencamp se parece al grandioso inicio del no menos gran disco de Lou Reed (New York, 1989) Romeo had Julliette. Y sólo se parecen en unos acordes de la misma forma que con las dos me tomaría unas cervezas. El cerebro es un componente hermoso porque está absolutamente descontrolado y nos engaña.

Nos engaña como una oferta o jurándonos que esa vez es la definitiva aunque después, en el water o en la ducha, que es cuando no podemos escapar de los pensamientos que llegan a nosotros estando con los pantalones bajados o quitados, nos da todas y cada una de las razones por las que esa vez no, no es nada definitoria. Y cerramos detrás de nosotros la puerta al salir con los ojos como un cocainómano que viene del baño en medio de una revelación de mentira. Los drogadictos las ignorarán mañana y otros, los sanos fumadores que escuchan la marejada de los pensamientos,  nos quedamos bloqueados casi hasta los 50.

Porque todas las razones son válidas y sin embargo los caminos son diferentes. Estoy cansado de vivir en los desvíos. Me he comprado una silla plegable para sentarme y, es curioso, delante de los carteles con direcciones diferentes nunca hay hierba, sólo tierra gastada.

Y canciones parecidas, esperando ser elegidas para el siguiente anuncio.
Todos los desvíos se parecen.

Pd: alguna vez un encrespado, rojizo, adecuado, nervioso y enérgico camino se iluminó delante de mí. Fui yo quien se perdió por no desprenderme de la silla. Ni del cerebro. Ni de algunos fantasmas que siempre están en el camino más allá de marzo.

23 de noviembre de 2017

Debajo de.

Literatura:

"Debajo de ella hay una fiera y una reina de las flores que canta en medio de una colina. Hay una chica con botas que camina sola en una calle mojada de madrugada. Una traviesa que se va desnudando por el pasillo y también alguien que hace las cuentas en pijama mientras termina el desayuno. Debajo hay una hija de perra y un pastel de merengue con gominolas por encima, una señora que da consejos porque saltó todos los muros que sueñan con ver de lejos los adolescentes. Hay una dama con los dedos largos que cuando se enfada lo hace para siempre pero que luego sonríe cuando te acercas demasiado con una pequeña copa de potente alcohol que lleva un poco de fruta para despistar. Lo tiene todo y no lo sabe porque el gps se le quedó sin pilas o porque nunca fue buena con la tecnología." 


16 de noviembre de 2017

Política, sexo y esencia.

Me preguntaban. O respondía, que ya no lo sé, sobre parte de la esencia de la naturaleza humana.

Respondí, sin pensar pero con convencimiento, que hay unos pocos momentos en los que cada uno se muestra como es. Hemos aprendido a escondernos detrás del personaje que queremos ser, con mayor o menor gracejo. Nos hemos creado una imagen a medida de lo que nos gusta o lo que somos capaces de dar. Conozco alguna mujer que es tan hermosa desnuda que me hace preguntar el motivo por el que se esconde detrás de sus miedos o de sus fantasmas. No es una cuestión de ropa.

Dije "hay dos momentos en los que sale la realidad que tenemos dentro: con política y con sexo". En ambas circunstancias empezamos con cuidado pero un momento después, cuando las manos han traspasado barreras o cuando uno de los interlocutores ha saltado el muro de la corrección, empieza a ser imposible esconderse porque algo nos arrastra, porque nos sale de dentro. Quizá por eso hay quien prefiere la penumbra: porque no le gusta verse reflejado en los espejos. Ni siquiera en los espejos de los ojos de quien esté delante.

Cuando estábamos en clase nos preguntábamos, de una forma pueril y tonta, cómo sería en la cama nuestra profesora de álgebra. No había nada sexual sino preguntarnos si acaso también escribía fórmulas incomprensibles en la intimidad. Uno de los grandes recursos del humor es sacar de contexto una situación.

A la cuarta copa en una charla después de cenar alguno saca un tema que arrastra, como el una partida de cartas. Normalmente en los grupos hay un mamporrero dialéctico al que se le espera . Hay un moderador, hay opinadores. También hay algunos que salen a la cocina a hacer que recogen porque no quieren entrar en polémicas. Es el miedo a decir algo inconveniente y un modo de protección por miedo a no gustar, a no controlar lo que salga de dentro o a no cubrir el expediente de las expectativas que da nuestro personaje. No lo sé seguro porque yo soy un bocazas.

Y sin embargo, bocazas perdido, emocional asustadizo, creo que lo más gratificante de la política es dejar hablar al otro y no para que se entierre en sus inconsistencias dialécticas sino para saber lo que piensa y lo es es. Lo mejor del sexo no es sudar mientras la cama se va moviendo a pequeños saltos y se aprietan los dientes con esos ojos de halcón cuando hacen amor que se les dibuja a algunas. Lo mejor es quedarse después tranquilo, casi sin decir nada y diciendo demasiadas cosas. Pudo salir la fiera pero en ese instante, con las defensas bajas, aparece la esencia.

Hay quien repite, se va, dice lo políticamente correcto o empieza a hablar de fútbol. Se está escondiendo.

Y yo, que me he quedado callado (a veces pasa) y me he quedado a dormir resulta que aprendí que es entonces cuando conocí lo que tenía debajo aquella persona.


Esa era la respuesta a la pregunta. O lo que respondí. No sé.

Pd: Luego hablé y hablé. Y no follé. Me escondo con mucha facilidad.


22 de octubre de 2017

Estupidez playlist

Ultimas noticias:
(se puede comprar en el link al precio de un gin tonic y medio)
(Presentación mundial: PUB LUST, Manuel Allende 8, Bilbao. 10/11/17 a las 20:30)


Alguno sabréis que estamos intentando preparar un lanzamiento de libro "sé que eres un estúpido" (haced "me gusta", que eso siempre mola. A partir del día 10 se podrá comprar)

 Y como ya no se puede cambiar la literatura necesito propuestas para la selección musical...

5 de octubre de 2017

El estómago y la razón.

Una de las tareas más difíciles de la madurez, si es que madurez no resulta ser exclusivamente el paso del tiempo, es aceptar y aceptarse. Diferenciar, al estilo transaccional, el adulto, el padre, el niño y lo que era el niño adaptado, que es un niño cabrón de toda la vida. El que llora para comer pero no tiene ninguna pena.

Si no queremos leer y somos de esos que necesitan que se lo expliquen con manzanas es sencillo: el estómago y la cabeza. 

El estómago, sobrevalorado por una escala de valores discutible, es el que te pide otra copa, la exaltación de la amistad, correr descalzo hasta su casa, quedarte en vela pasando las yemas de los dedos por las mesetas arqueadas de su cuerpo, gritar de esa forma en la que la garganta tiembla y saltar o dejarse llevar con los ojos casi cerrados con una canción o el petricor del otoño.

Y la cabeza, que es una cabrona fría y aguafiestas, valorando el motivo por el que nos llevamos y si, acaso, las consecuencias de dejarnos caer en pozos. Nos pregunta si ese es el pozo o si hay que irse a dormir para poder rendir mañana, si no habrá detrás de esa puerta un proceloso camino en el que terminemos donde ayer pero con cicatrices.

La equidistancia no, el entendimiento es el que se podría suponer un grado de madurez. Como un equipo deportivo uno defiende bien y otro es el que mete goles. No se puede ganar el campeonato del mundo sin saber a quien le corresponde actuar a cada momento. No se puede ser sólo estómago sin el organizador de juego que es la razón.

Pero resulta que la razón es definida un lastre para algunos casi como si viviéramos bajo la tiranía de los jugadores del equipo de fútbol en un instituto de adolescentes americanos en los que el goce, la cerveza, la turgencia y la fiesta del fin de semana o hacer un calvo desde el coche sean más importantes que un par de aburridas integrales eulerianas. Vivir en un anuncio, alargar la infancia hasta límites insospechados, es casi una religión. Y está bien, pero (y eso es lo que se olvida o se infravalora) respetando las horas de sueño.

En estos días inciertos, veloces como un Cadillac sin frenos, sólo veo estómagos vomitando. Hablan del sentir. "No pongas en duda jamás lo que yo siento"- me dijo al teléfono después de pedir perdón por enésima vez razonando ene veces todas y cada una de las ocasiones en las que me equivoqué. Pero su estómago, como una separación territorial que solamente nos hizo perder algo llamado futuro, lo rompió todo. Es una metáfora.

A veces hay que sentarse a pensar lo que dice el estómago, tamizarlo con la razón. No hacerle caso a ninguno de los dos pero sí a los dos. A veces el truco está en pensar diez segundos. A veces poner las reglas como quien tiene una palabra secreta que impida el daño. A veces, solamente a veces, pensé demasiado: para perderla. "A veces me pregunto, extrañada, el motivo por el que sigo esperando a que hagas algún movimiento" y cuando el estómago me lleva a la puerta del coche, me vuelvo a casa.

Será que no maduré. Pero esas noches me cuesta dormir intentando acallar las voces que salen del niño adaptado que vive en mi estomago. Definitivamente sólo me sé la teoría.

Claro que luego aparece Asier Etxeandia cantando a su padre la canción que él cantaba a su madre y el estómago me hace llorar. Mierda, yo no sé cantar. Sólo sé romperme.

30 de septiembre de 2017

Pequeña carta al catalanismo.

Pequeña carta de un euskaldun:
Una de las cosas que algunos vivimos en los años 80 fue la sinrazón de aquellos que, lo reconozco, pistola en mano se levantaban contra los coletazos de lo que fue un fascismo que señalaba a todo aquel que no pensaba como el movimiento.
Cuando mataron a Carrero Blanco se brindó en toda España pero cuando mataron a policías con hijos ya no se brindaba y cuando empezaron a matar a cualquiera nos echamos a la calle para decir, como cualquier persona cansada de ser "representada" por impresentables, que así no. Cuando nos poníamos detrás de una pancarta de Gesto por La Paz nos gritaban unos días unos llamándonos españoles y otro día otros llamándonos etarras. ¿Sabes? Algo hacíamos bien cuando, casualmente, nos gritaban todos.
Pero fuimos nosotros los que acabamos con ETA y fuimos nosotros los que conseguimos vivir en paz y en calma, que es como se alcanzan los avances y la verdad. Gritando no se oye más que lo que decimos sin dejar de entender a los demás. Hoy, en Euskadi, que no es ningún ejemplo pero sí un ejemplo, se habla en euskera y en castellano. Se acepta al que no piensa igual y tenemos, en la misma cuadrilla, a uno que opina una cosa y a otro que opina otra pero TODOS amamos la convivencia y los años de paz que nos ha dejado la certeza en que las personas podemos pensar diferente pero que no somos, ninguno, más que otros. 
Desde aquí Cataluña parece una caja de gritones irresponsables. No por ver clara la absurda sociedad feliz que algunos quieren vender o la presión de ser lo que no se quiere ser por parte de otros. Lo curioso es que parece que no se quiere oír a los demás. 
El gobierno catalán, enrocado en una deriva irracional en la que cree que estando solo y aislado se puede ser mejor que con los demás, culpables de que a los de Badalona les salgan granos, se orina en las opiniones del 52% de los propios catalanes. 
El gobierno español pone también los huevos encima de la mesa, es cierto, pero tampoco se iba a quedar quieto en un reto a muerte en las ramblas donde, parece, que sólo puede quedar uno y, ojo, ninguno es inmortal. La testosterona de esas dos partes resulta insoportable. Querer hablar en español, que yo sepa, no es un pecado y el fascismo, como definición, es imponer ideas por la fuerza, señalar a quien no opina igual y castigarle como un apestado o como un judío en la Alemania del 44. Cuando el catalanismo extremo señala a Evole, Serrat, Pla, Borrell... como fascistas y les hacen pintadas en sus casas o en sus memorias, parece que no se acuerda que si se habla catalán en la calle es por Serrat, que casi es fusilado por querer cantar en catalán en Eurovision y representando a España porque en España se habla catalán, y gallego, y bable y eso que hablan los de Murcia que no sé lo que es. 
Poca demostración de democracia es pedir una lista de quien no va a votar una gilipollez acordada o no como la independencia en un mundo global donde ser Euskaldun, Catalán o Español es una tontería ya que hace tiempo que las fronteras no son más que marcas difusas en el mapa. Tenemos nuestras culturas, ninguna mejor que otra, y nuestras identidades pero creer que se es mejor que el vecino es ser un autentico imbécil, un meapilas y un arrastrado. 
La independencia es, y esto es una idea personal, una involución en un mundo que se nos queda pequeño. Creer que los políticos catalanes no roban es ser muy corto de miras de la misma manera que creer que cualquier lugar donde alguien mande 30 años seguidos no esté podrido por definición. Que se lo digan al honorable o al PP, al Psoe o al Pnv. Creer que se va a ser más feliz con un muro delante de Aragón es ser muy tonto como creer que cerrar la frontera con Francia nos haría mejores. 
ES UN MUNDO MUCHO MAS GRANDE, MIS QUERIDOS INDEPENDENTISTAS. 
Es un mundo donde se habla chino e inglés, español y catalán, euskera y dialectos bálticos. Es un mundo donde ESTAMOS OBLIGADOS a ponernos de acuerdo con el otro, que no es el enemigo sino otro. Y si Puigdemont quiere cortar el pelo a Ana Gabriel con un cazo, que lo haga pero no con el dinero de las pensiones de un jubilado de la zona franca. 
Lo que no soy capaz de entender es que las calles no se llenen de personas de bien que digan que hasta aquí, que basta ya de tanta estupidez. Eso es lo que me decepciona de lo que veo en televisión. 
Estáis a punto de cometer una tontería histórica. 
Votar no es democracia de la misma manera que sexo no es amor. Y a veces es mucho mejor no acostarse con alguien que no te quiere. Vuestro gobierno, corazones, no os quiere porque os quiere llevar a la cama con mentiras y está deseando que alguno se pase de frenada contra una patrulla de la guardia civil y se líe la de Jesuscrist is God. Así habrá un martir y una excusa. 
Poneos de acuerdo.. os irá mucho mejor. No hay más remedio en el mundo moderno. Un mini pais solo puede crecer como paraiso y Andorra ya existe como paraíso fiscal, tiene el dinero que os robó vuestro president, que ese os robó más que España. 

Pd: Es sorprendente lo bien que se está cuando se está en calma. De eso algunos sabemos un poco.
Pd2: No estoy defendiendo la españolidad porque España no es el PP ni es Franco, es un pueblo excepcional, como todos los pueblos, llenos de gente de bien, de reguilar y de mal. Pero sí que cuando veo a Oriol contando mentiras tralará me pongo de muy mala hostia. Lo de Rufián, espantapájaros con forma de meme, ya ni te cuento.

El hombre oximorón.

"Hay una mujer muy poderosa dentro de ti"- me dijo la amiga de quien aún no sabia, con un grado de certeza que pudiera ser válido, si iba a dormir conmigo aquella noche. 

Esa frase, como un lastre identitario, me ha ido siguiendo desde entonces. Me sigue cuando hago varias cosas a la vez y cuando llega el anochecer y me siento solo, con ganas de tener deberes antes de llegar a casa en forma de trabajos para el equipo que todavía no he formado y que algunos se empeñan en repetirme que jamás formaré, como una tara o una imposibilidad. Como no poder volar por muchas alas de papel que ponga en mis escápulas.

"Hay una mujer dentro de mi" porque me quedo como un niño acurrucado encima de un vientre caliente y porque coso mis tapices para taparme por las noches cuando al salir salvado del torreón, tengamos que dormir en medio del bosque. Soy un tipo práctico con miedo a no ser suficiente.

Soy un valiente acobardado porque recuerdo mucho más las batallas que perdí que las que pude ganar.

Un caballero que se queda mirando cómo sus formas rellenan la cama en diagonal, cómo hay dos agarraderas disfrazadas de cadera. Un tipo que sabe que Alicia dice que te quiere cuando ya te ha abandonado. Un oligofrénico encantador.
Una dama que gusta de ser acariciada, buscada, deseada. Una dama que se rebela contra la discriminación, contra las modas a que se niega imponerse porque no es un arquetipo. Una dama ansiando ser salvada. Una dama poderosa.

Un ser humano temeroso y con cicatrices que duelen por las mañanas.

Un hombre, valiente y cobarde, con una mujer poderosa dentro de él.
Una persona con forma de oximorón. Soy yo y lo contrario.

Perdón por ser así.

Curiosamente me vuelvo loco cada vez que descubro una mujer enérgica mirándome.

28 de septiembre de 2017

El coleccionista

Dicen por ahí que hablas mal de nosotros. Ten la amabilidad de convertirte en humo. Y trata de conseguir un billete a Marte porque te voy a atrapar, no importa tu escondite. Así que entiéndelo bien, no importa donde vayas (3).
Todo comenzó, da igual,  en cualquier parte. Muchos quedaron atrás. Nadie sabe sus nombres. Así que vuela, vuela y di adiós en cualquier otra parte porque te voy a atrapar, no importa tu escondite. Así que entiéndelo bien: no importa donde vayas. Será una huida sin fin. Ahí va la cuenta atrás. Cuando te vuelva a ver diré a todos que yo te dejé marchar por la puerta de atrás aunque lo cierto es que ya es que nadie espera que vuelvas. Nadie salió nunca por la puerta de atrás.
Cuando te vuelva a ver diré a todos que yo te dejé marchar por la puerta de atrás aunque lo cierto es que nadie salió nunca por la puerta de atrás.

26 de septiembre de 2017

Valores por defecto

Richard Pryor, en la horrible Superman3 (1983), decide quedarse los céntimos de todos los cheques de la empresa para hacerse rico porque era absurdo no redondear las cifras, porque nadie iba a echar de menos una minucia aunque muchas minucias a él le hicieran rico. No es nada que no hagan desde tiempo inmemorial todos y cada uno de los bancos. Sin embargo en la vida real Superman no viene a equilibrar la justicia de nuestros céntimos porque no nos damos cuenta. Ya no se agacha nadie por las monedas de cobre. Ni los cleptocuprómanos.

Ya no nos leemos los mensajes y aceptamos como buenos muchos de los valores por defecto.

Valor por defecto es poner ese canal cuando enciendes la televisión. Valor por defecto es creer al entrenador de fútbol de tu equipo, criticar al que no dice lo que quieres oír. Valor por defecto, amor, es pensar en ti cada día que me siento solo o cuando tengo algo emocionante que contar.

En realidad son nuestros valores por defecto, casi como la configuración de las actualizaciones o la letra Times New Roman, los que terminan poblando nuestras vidas. Se quedan clavados como las rutinas que no se sabe cómo llegaron pero que dejan una sensación extraña cuando, acostumbrado a tomar un café con galletas, ese día aparece un zumo detox junto al amanecer. Con el tiempo se convierten en taras, en ronquidos, en no poder ducharse tranquilo si alguien inoportuna en el baño.

Son irracionales pero están ahí, marcando la deriva de las horas.

Valores por defecto son no cerrar la puerta del baño o poner el pestillo viviendo solo, dormir en diagonal en la cama, saber que la botella de agua está en la mesilla de la izquierda, leer los periódicos de atrás hacia delante, no coger nunca llamadas con el número oculto o sentarse en ese lugar del sofá que se queda más gastado que los demás.

Ser consciente de ello ayuda casi tanto como la maravillosa capacidad de aceptar que hay otras millones de soluciones válidas. No sé si nos hace mejores cambiarlo o aspirar a que, en alguna mañana de futuro incierto, cambien las condiciones de uso y los valores por defecto sean otros.

Los míos o los tuyos. Haciéndonos ricos con los céntimos de nuestros cheques sin hablar de dinero. Desafortunadamente o por suerte todo esto no es más que literatura.

Por eso es una invención basada en hechos puntos de partida reales. Nuestros valores defecto. Soñar en ser el valor por defecto para alguien. "Aceptar y continuar" pone en alguna instalación.





Son los míos, pero puedo tener otros.

18 de septiembre de 2017

Pasarse de frenada.

Conozco a un tipo vago. Lo es. De esos que si se toman tres copas por la noche y se levantan con resaca llaman al trabajo diciendo que están enfermos. De esos que viven las obligaciones laborales como una imposición del sistema que le debería de proporcionar gratuitamente y sólo por ser persona todo lo que se le antoje: casa, comida, sexo satisfactorio y wifi. El caso es que, como resulta lógico, le suelen despedir pronto. Entonces asegura que es porque él es gay y aquello demuestra que vivimos en una sociedad que no ha superado las discriminaciones en términos de identidad sexual.

También conozco a una mujer exponencialmente inteligente y capaz en su trabajo que podría liderar sin problemas la multinacional en la que hace sus funciones pero suele decir que tomó una serie de decisiones en su vida que la alejaron de aquel camino, sin más. Probablemente hay un punto en el que visualizar a una mujer en vez de un hombre aún se ve como algo que a algunos, no a mi, chirría, pero no lo ve así sino como un resultado de sus elecciones personales.

Yo conseguí, en cierta ocasión, que me quitaran una multa porque alegué que me habían parado en carretera por llevar un coche matrícula de Bilbao allá por 1992. Mi coche llevaba esa matrícula, si, pero a 184 km/h. Y me quitaron la multa en algo que hoy en día reconozco que fue una miseria por mi parte.

Existen una serie de datos argumentales que si bien parten de datos ciertos se tienden a utilizar y hacer generalizaciones: algunos políticos roban, las mujeres han sido menospreciadas en la historia, unas razas han pisoteado el crecimiento de otras, no se han aceptado las diferencias entre iguales o, yo que sé, los zurdos fueron quemados en las hogueras.

Pero resulta que, como si fuera un efecto rebote pasado de frenada, algunos se consideran en su derecho de robar, discriminar, pisotear, desobedecer o despreciar porque sus antepasados lo fueron. Eso, como una oposición a lo que se llama, prosaicamente, discriminación positiva, siempre me ha parecido un despropósito porque se hace de forma consciente y esa consciencia es la que incrementa el desarreglo.

Por supuesto que todo parte de la idea, quizá equivocada, en la que a mi personalmente me trae al pairo la raza, género, número de dedos en las manos o religión que practique cada uno siempre y cuando no afecte a la labor que han de realizar. A mi, que quizá no sea lo habitual porque el señor ese que vive en un tercer piso de Cuenca quizá no actúe como yo, que tampoco soy un guía de la verdad. Me explico: si tengo que elegir a alguien para correr una carrera no elegiré a un cojo pero eso no lo veo como discriminatorio hacia los cojos desde la conspiración mundial de las personas con dos pies para subyugar a los que no son como ellos sino como sentido común. Y, por supuesto, decidir que a los demás nos corten un pie para ser todos iguales me parece una manera de definir el fascismo si es que es la imposición de unas ideas por la fuerza.

Partiendo de esa definición tan fascista es un dictador ultraderechista que fusila a sus opositores como alguien que cree que hay que matar a los hombres para liberar a las mujeres. O un vegano que grita, mientras quiere matar carniceros del mercado, que los carnívoros son satán y los toreros merecedores de la horca. Hitler y Stalin eran de derecha e izquierda y, mira tú, mataban más o menos lo mismo.

No es lícito pasarse de frenada porque se genera el mismo desequilibrio por el otro lado pero cuando lo comento me ponen, de forma automática, una etiqueta retrógrada y salvaje que se supone me inhabilita de tener ningún punto de razón. A veces me dicen que me baso en excepciones porque la verdad está, casualmente, en el lado contrario. En otro bando. Y eso de establecer bandos es en si mismo un planteamiento inicial equivocado. Simplista pero equivocado. Cómodo pero equivocado. Políticamente correcto pero equivocado.

Seguro que el equivocado soy yo pero nadie destroza mis argumentos con lógica y sin insultarme. Nadie me ha demostrado que pasarse de frenada no sea, en realidad, darse una buena hostia contra el muro de la convivencia entre personas.

Personas, sin adjetivos. Que montan en el ascensor 

15 de septiembre de 2017

Pequeña gran revolución


Hay revoluciones que se desean y otras que suceden. En eso podemos estar de acuerdo.

Pero una revolución no tiene por qué ser una ruptura dramática con la vida anterior, como si nada valiese. Una revolución no tiene que tener esos miles de componentes cinematográficos con los que nos gusta edulcorar el futuro que, después, no es.

Los pesimistas existenciales sabemos que visualizar lo negativo, según dicen algunos gurús, ayuda a gestionar las herramientas para superarlo cuando llega. Y muchas veces llega aunque vivimos en una sociedad a la que nadie enseña a gestionar la frustración. No existe, ni siquiera como opción, que los pilotos en sus xwing no entren en el corazón de la estrella de la muerte para salvaguardar el futuro del universo, incluso en alguna galaxia muy muy lejana. Con tres soles pero rojos.

Conozco a quien se deja llevar como un adolescente en grupo y sin criterio, como un contrabandista de consignas que se mueve al aire de la ultima moda: que fue yonki, vegano, de apple, de android, coach y aprendió a bailar salsa pero se fue a un concierto de trash metal. Tengo un amigo que dice que cuando estás solo es cuando te pasan cosas. No estoy de acuerdo con ellos. Creo que cuando has tirado la toalla pero todavía está en el ring, goteando del sudor de la pelea casi perdida, es cuando aparece algo que te vuelve a poner en pie.

La vida tiene espirales muy curiosas y un día, creyendo que todo está perdido, se termina con una sonrisa tonta y feliz al salir de un portal casi de madrugada (nota de género: aqui la versión en femenino). No quiere decir que haya que agotar los cartuchos de la escopeta de cañones recortados para que aparezca el próximo venado. No quiere decir que haya que poner el dedo gordo del pie, en una escena grisácea y lúgubre sobre el gatillo, mientras el final del rifle entra en nuestra bocaza. Solamente es que cuando el ansia nos posee los resultados suelen ser inciertos, cuando hay que hacer una revolución porque sí y como sea no tiene pinta de salir bien. Hay canciones que se buscan y otras que llegan sin avisarlas. Las canciones que llegan son las importantes, las que terminan llenándolo todo, como fotografiar una espalda nada más despertarse por la mañana sin saber el motivo que nos llevó a hacerlo.

Vivimos, insatisfechos con cada frase y cada paso que no es el definitivo, buscando la nueva revolución y las pequeñas grandes revoluciones llegan sin avisar.

A veces desaparecen, de la misma y efímera forma que hacen las personas en nuestras vidas.
Pero a veces se quedan.
Como las canciones.

Y huelen a casa.

10 de septiembre de 2017

Un mundo estúpido (amago de prólogo)

¿Cuál es el video más visto del mundo?. Ese, el de Internet. ¿Qué es? Una auténtica basura. ¿Por qué?. Porque la naturaleza humana es así y al final, en la intimidad de nuestras casas, hacemos mareas de acciones que más tarde se convierten en tsunamis ridículos.

El problema es que las olas, cuando son muy altas, arrasan con todo.

Una de las principales características de las sociedades modernas es la falta de responsabilidad del individuo. Los gobiernos, las reglas del mercado o las grandes multinacionales están ahí para hacer con nuestra vida lo que les venga en gana y como son ellos quienes tienen que hacer lo que tengan que hacer nosotros nos sentamos en el bar y nos quejamos dando miles de soluciones pero después nos vamos a la cama con miedo a no romper los engranajes de los mecanismos de sistemas que juramos que no inventamos nosotros.

Así que pensamos que ver ese video o que dejar de comprar en esa tienda de barrio no nos hace responsables del empobrecimiento de la cultura o de la muerte comercial de nuestra calle. La culpa es de los demás, siempre de los demás. Debería de estar alguien ahí, velando por la verdad, por la igualdad y por la justicia. Debería. Y sin embargo no nos damos cuenta que la democracia, como el resultado de la decisión de la mayoría, no solamente reside en unas elecciones que se hacen de vez en cuando.

La democracia está en nuestro consumo. En nuestro consumo de cultura, en nuestro consumo televisivo, en nuestro ir y venir por Internet o por las calles cuando vamos a casa. Todos esos datos se recopilan y se amontonan. Unas estadísticas, un día, publican que esa calle es la más transitada, ese programa el más visto o aquel video “el mejor”.

Es esa asociación entre “lo más” y “lo mejor” lo que va convirtiendo nuestra sociedad en un gran chiste. Tenemos la televisión que vemos, no la que nos ponen. Que la televisión sea una basura es exclusivamente culpa nuestra. Que para descubrir música de verdad haya que sumergirse en las profundidades se debe a la capa de polución de quien, como un cuervo, sigue los brillos en vez de las joyas.
Porque elegimos sin culpa y sin criterio, sin razonar, sin pensar, sin analizar el daño que nos hace o el que hacemos. Actuamos creyendo que no hacemos mal, que no tiene ninguna importancia, que por una vez no pasa nada, que ya vendrá alguien a arreglarlo, que no es nuestro problema o que simplemente somos más listos que los demás en una sociedad que queremos igualitaria pero en la que nos encanta sentirnos un poco más igual y por arriba que los vecinos.

Porque follar más no es ser más guapo. Porque comprar más barato no es comprar mejor. Porque ganar más no es ser mejor profesional. Porque gritar más fuerte no es tener razón. Porque lo que juramos defender hoy, en una vida efímera, no hemos pensado en lo que supone mañana.

Porque los seres humanos nos movemos por unos resortes que hemos dejado de controlar.
Porque actuamos como estúpidos.

Y por eso, por un porcentaje creciente de estupideces supuestamente exentas de culpa, la mayoría, desafortunadamente, no tiene pinta de acertar nunca. Quizá la democracia como algo igualitario carece de sentido en la actualidad porque parte de la responsabilidad del individuo y hemos dejado de ser responsables.


Ahí es donde estamos ahora. Esa es nuestra sociedad actual. Es una obviedad kilométrica. Tenemos la tecnología más avanzada de la historia y la usamos para ver videos de gatos. Tras una Apocalipsis encontrarán nuestros servidores de Internet y dentro de ellos sólo habrá basura que habrá sepultado a nuestra sociedad como si fuera la Atlántida. El 90% de la información que circula por los cables de comunicación subterráneos entre continentes es mierda. 

El punto de partida es hoy. Quizá mañana. Pero mañana será peor porque va a llover.
Si tenemos un mundo estúpido la culpa será es solamente nuestra.

En un futuro,quizá, sólo hay estupidez.

3 de septiembre de 2017

El efecto inverso de los titulares dramáticos.

"Es un atentado contra los derechos fundamentales de la libertad del individuo"- grita un adolescente y, en realidad, lo que sucede es que tiene 13 años y lle han castigado por llegar a casa borracho a las tres. Pero claro, si se oye desde fuera parece que le han encerrado en un arcón seis meses metiendo un tranchete por la rendija los días impares.

Nos encanta ser dramáticos.

Y  probablemente no es un tema de ser dramáticos por un ansia de titular o porque creamos que hay una apocalipsis detrás de lo escandalosamente excepcional que nos ha sucedido sino porque es una manera de llamar la atención como el niño que llora desconsolado cuando, en verdad, lo que quiere es una mierda de helado.

Pero, joder, decir que "la inhumana explotación laboral de un sistema capitalista" es mucho más escandaloso que reconocer que tu jefe te dice que en tu turno no lo dejes vacío para irte a mear porque estás en el control de pasaportes de un aeropuerto y los aviones no van a salir dependiendo de los caprichos de tu vejiga. Decir "el gobierno financia las armas con los que los terroristas nos matan" resulta curioso si trabajas para una empresa armamentística con sede en Cataluña que es, detrás de Euskadi, el principal fabricante de armas español. Hablar del "secuestro institucional por parte de los mecanismos gubernamentales" es una broma cuando lo que pasa es que tú lo harías de otra forma, secuestrando a tu manera. Una vez, a altas horas de la mañana, la chica que estaba conmigo recibió un par de mensajes. Le dije, con un poco de humor y curiosidad, que si era un mensaje de un hombre era mas que probable que estuviera interesado en sus turgentes pechos. "No es importante"- respondió dejando el teléfono a un lado. Volvió a sonar. "Es un tipo"- dije. "Si quieres vemos la carpeta de "sent" del whatsapp y te digo lo que es"- continué sabiendo que ahí hay una copia de lo enviado. "Fue sólo una vez"- dijo. Y yo opté, cornudo y apaleado, por marchar. Ella se puso entre la puerta y yo. Me quería ir del lupanar en el que se había convertido aquel lugar para mi cerebro. No me dejaba queriéndome dar explicaciones que, en ese momento, no tenía ninguna gana de oír. "Ahora resulta que no me puedo ir después de que te hayas estado comiendo una polla como una campeona. Anda, cabrona, déjame salir"- dije retirándola sin ninguna furia. Salí de allí y me mandó un mensaje, antes de llegar al coche, diciéndome que "te voy a denunciar por maltrato y amenazas" cuando, joder, el cornudo era yo. Afortunadamente, por lo irracional, no pasó pero no pude salir de mi asombro porque "maltrato" es una palabra que debería estar prohibido usar sin permiso y castigado si se usa sin rigor.

Si nos fijamos en la prensa todo son récords. "El más grande incendio", "El jugador que más veces ha sido convocado representado a equipos diferentes", "la inundación más dramática", "el año más caluroso (si contamos los días impares)", "el accidente más grave", "el mayor desastre". Además casi siempre son cosas malas. Desastres, guerras, dramas. "El fenómeno de despoblación más grave".  Ya no va a gritar,. el pastor, que viene el lobo sino que "la industria de la carne, sin sentimientos ni solidaridad, arrasa con los flujos de alimento humano sustentadores de las economías rurales del país". ¿Qué se consigue con tan exageración?. Que los récords de verdad, que los problemas ciertos , que los verdaderos damnificados por las injusticias no sean valorados. Cada mujer que utiliza las leyes que defienden a las mujeres maltratadas para acelerar su divorcio, cada inmigrante que habla de persecución política para acelerar su integración, cada trabajador que habla de condiciones infrahumanas para que le pasen de pagar 3000 a 4000 hace mucho daño a los niños esclavos que cosen por un euro para las empresas textiles, a los inmigrantes perseguidos, a las mujeres maltratadas. La mayoría de las exageraciones dramáticas que oímos cada día esconden un punto de egoísmo infame que, cuando se simplifica el mensaje, deja en evidencia al emisor. Pero como no nos gusta ver más allá del titular, queda poso.

Y luego llega una mujer, con cicatrices, a una comisaria llorando y diciendo que su marido no la quiere. Y resulta que no la tienen en cuenta porque usa la palabra amor y no agresión, porque no dice la palabra mágica del maltrato aunque sea obvio que lo es. Aunque le apalee a un hombre de 50 kg su mujer de 100kg que reparte hostias como panes ya no es impactante. Es una pena que, después de todo, tanto titular dramático falso lo que hace es tapar los dramas de verdad, que los hay y muchos. Puede que las injusticias ciertas no se proclamen como los penaltis no pitados del equipo contrario, "la mano negra en el fútbol" se oye más que la mano negra de nuestra conciencia.

Es un efecto inverso bastante perverso.

Pero es.

Y yo desconfío de los que viven la vida en un charco de dramas que cuando se escarba un poco, no lo son.
Son estúpidos peligrosos. Quizá deberían saber lo que es, en verdad, aquello que gritan que les pasa. Una buena colección de hostias a quien se invente las agresiones, hacer autónomo a algún funcionario que habla de discriminación, que le den mierda para comer al que diga que la comida es una mierda.

Una vez oí a una chica decir que era una vergüenza que su primer coche fuera un golf de segunda mano, que era un ejemplo del resquebrajamiento del estado del bienestar. Y se quedó tan ancha.