maldiaparadejardefumar
...podria ser peor, podría llover.
17 de mayo de 2013
14 de mayo de 2013
Los que nos quedamos
Muchas veces tengo la sensación que los jovenes que se van son todos premios nobel y que los que nos quedamos a trabajar en España más o menos somos los asesinos de Marta del Castillo.
Podemos lanzarnos al abismo de las cifras y comentar cómo más de un pais se ha preocupado en acaparar investigadores y cómo les hemos cambiado a los paises del norte de europa a nuestros licenciados por sus borrachos. Podemos hablar de cómo las madres hablan orgullosas de sus hijas "que estudian en Wisconsin" y hacen callar a las que "trabajan en Almendralejo" como si aquella premisa que establece que "cuanto más lejos es mejor" fuera verdad, como si los españoles por el mundo nos estuvieran llamando tontos desde la televisión de nuestro salón.
También emigraba, con el pañuelo de cuatro puntas en la cabeza, Alfredo Landa.
Discriminar a quien se queda o a quien se va es una simplificación digna de un habitante de la casa de gran hermano. Llamar estúpido a un joven universitario que ha decidido esforzarse el doble para salir adelante en su pais natal es darle una patada en la boca. Decir tres veces la palabra Bitelclus hace que aparezca Bitelchus Lampreave.
Seguimos viviendo en esa concepción rural y arcaica en la que el césped del vecino es mucho mejor que el nuestro, sobre todo si es americano, británico, alemán o francés. Seguimos fantaseando con los pechos de la vecina sin darnos cuenta de lo maravillosamente perfectos que son los que se acuestan a nuestro lado o las imperfecciones quirúrgicas de los de Angelina Jolie.
Bombardear diariamente desde los medios con lo buenísima que es la materia prima española que se va deja en muy mal lugar a los que un dia decidimos quedarnos como si fuéramos las ratas que ni siquiera abandonamos el barco.
De España se van científicos y se van porreros. Se va Diego el Cigala, se fue Yola Berrocal y se va Willy Toledo. También volvió Mariano Babacid. Se van parados cansados de no encontrar trabajo y se van algunos por amor mientras otros se van, casi como ha pasado siempre, buscando aventuras. De España se van jubilados buscando otras playas y algún que otro prófugo de la justicia como los pederastas británicos que pasean con calcetines por las costas de Málaga.
Fuera de nuestro pais hay algunos que viven como soñaron mientras otros se arrastran como mochileros eternos. "El alquitrán del camino embriaga más que el suave vino del hogar"- cantaba Sabina para describir la sensación agridulce de no atreverse a volver a casa sin haber ganado alguna guerra, como un indiano chulesco. Pasa exactamente lo mismo con la gente que decide quedarse a cuidar de su madre. Nadie es mejor ni peor por decidir irse, quedarse o dejarse los pelillos de la nariz largos.
Quienes se fueron siguieron sus sendas, no son mejores. Pensar lo contrario es lanzar piedras contra el tejado de quienes, ahora, sacan este pais adelante.
Estoy muy cansado de que por ser universitario, empresario, español y luchar cada dia por trabajar y dar trabajo pagando los impuestos con los que pagar a los médicos y los profesores estupendos que tenemos venga un medio de comunicación a decirme que, además, soy tonto por no marcharme.
Cuidarnos un poco, joder.
13 de mayo de 2013
8 de mayo de 2013
Desparpajo 2.0
Hace un par de dias un ciudadano medio apareció en mi negocio. "Hola, buenas. Estoy buscando un cable para conectar mi televisión al ordenador". Dicho así no es una petición extraña en estos tiempos de multimedia digital que nos atañen. "Correcto, caballero"- le respondí- "¿me puede indicar, por favor, el tipo de conexión que tiene en dichos extremos y lo que quiere hacer con ello para que le de el cable idóneo?". "Si. Quiero, conectando la cámara betacam al dvd antiguo de la televisión, poder editar los videos que tengo grabados de mis hijos con el pc y subirlos a internet para que los vea mi cuñado".
Tras unos segundos de estupor máximo sentencié: "Lo siento, señor. Lo que me pide es imposible".
"¿Como va a ser imposible si el dvd tiene usb y en el ordenador me queda uno libre?"
En ese momento estuve muy tentado en explicarle que por mucho que le entre el prepucio en un vaso de tubo no quiere decir que pueda tener hijos con el síndrome del niño de cristal. Estuve tentado de hacerle entender que un agujero no tiene la función que queramos, sino la que tiene, aunque nuestros deseos irracionales infantiles, aquellos que creen que existen los gallifantes, le quieran hacer fantasear con lo contrario.
Hace unos años la tecnología era algo a lo que las personas de bien tenían respeto. No metían los dedos en el enchufe porque sabían que les iba a dar corriente. No pensaban, ni en sus sueños más húmedos, que un dia la tecnología les permitiera hacer la mitad de las cosas con las que soñaron pero el marketing tiene la culpa de que ahora, con tanto anuncio diciendo y jurando que algún ingeniero loco ya ha pensado por ti lo que se te podría ocurrir, alguno piense que la modernidad es infinita.
No pongo en duda que más de uno cree que, ya que su coche es tan seguro, puede reventarlo contra una pared sin miedo a romperse una uña. Tampoco me extraña que, entre una y dos copas de un after, alguno jure que realiza transposiciones genéticas de la trócola de su coche con un software pirata que ha instalado sobre el android de su teléfono. El problema está cuando hay alguien que se lo cree viene a quejarse de no ser capaz de hacerlo después de comprar un ratón inalámbrico y exigir que le digas donde está la tecla mágica que todo lo puede.
Una vez entró un cliente enfurecido con una torre en el servicio técnico. Enfadado como un mandril se fue al mostrador "este ordenador está mal" y lo puso sobre la mesa "porque cuando me bajo una película no es la que yo quiero, es porno".
¿Cuando empezó la era del desparpajo 2.0?. ¿Cuándo y cómo hicimos creer a alguien que con tener una pala y un rastrillo podían hacer el Empire State Building?. ¿En qué maldito momento se perdió el respeto por la experiencia y la lógica, por lo posible y lo imposible?. Bricomanía, algún cuñado mentiroso y esos anuncios en los que las personas sonríen mientras un ordenador hace todo por ti son los responsables de la decadencia de lo mágico y la insolencia de la irracionalidad.
Hace unos minutos alguien me dijo que su tablet (de 100€) estaba mal porque no podía instalar el Battelfield 3 pirata que había descargado su sobrino con un torrent. Ayer alguien se alteró porque su ipad no era capaz de adivinar las claves de las wifi a su alcance porque "si me he gastado 600€ debería de conectarse solo"- sentenciaba. La semana pasada me pedían cambiar un panel roto de un portátil por menos de 30€ "porque no estoy dispuesta a pagar más" y porque "no entiendo cómo se ha roto si se me ha caido un par de veces". Hace tiempo un cliente se enfadó porque había aparecido una foto de su cuñado entre los documentos recuperados de su disco duro "y no le aguanto" (era su excusa). Existe quien cree que escaneando las facturas aparecen solas en una tabla de excel y hasta hay alguno que mantiene que conectando el ordenador a internet te sale novia, voluptuosa y turgente, en menos de diez minutos.
A alguno se le pone cara de hacker cuando es capaz de desinstalar la babylon toolbar, cara de Fernando Alonso cuando derrapa un poco al salir del semáforo, cara de Nacho Vidal si le dura la erección diez minutos.
Estúpido caradura, cuando se lo cree. Más de uno está convencido que si hace cosas en "la nube" es que es un semidios y no un mortal con experiencia y carrera al otro lado del mostrador.
Pd: todas las anécdotas son verídicas y de este último mes.
Pd: todas las anécdotas son verídicas y de este último mes.
6 de mayo de 2013
A la crisis: campos de fútbol.
Lo siento, no soy un tipo futbolero. Mis amigos amantes del balonpié juran que en algún lugar existe un estudio tremendamente serio que es capaz de afirmar el impacto sobre el producto interior bruto que tienen los eventos deportivos. Afirman, y no lo quiero poner en duda, que esas manadas de borrachos que necesitan beber antes y después de un partido son quienes mantienen la hostelería y no los parados que se sientan a tomar un vino para pasar los lunes al sol. También me comentan que los hoteles y el turismo se benefician de todos esos personajes con bufandas y camisetas de colores que disfrutan del arte tradicional y contemporáneo que es capaz de ofrecer el modernísimo Bilbao. Los hinchas del Liverpool (que vino tres o cuatro veces) y los del Getafe saben apreciar las esculturas de Richard Serra y los cuadros de Zuloaga. Aquellos parados de Madrid que no se han gastado todo su dinero en la camiseta oficial de Cristiano Ronaldo pagan religiosamente las entradas de nuestras exposiciones y admiran sorprendidos esa amalgama de arquitectura tradicional y modernista que hace de esta una ciudad sorprendente.
Una ciudad tan sorprendente que firmó unas cuentas públicas sin déficit pero que, aún con ello, ha reducido su ayuda social a todas esas asociaciones que se dejan la piel con quienes, incluso aquí, no tienen medios. Ha subido los impuestos porque los tiempos van a ser complicados. Ha incrementado las multas por estacionamiento controlado de 12 a 60 euros. Sigue manteniendo un puesto en el podium de las ciudades más caras del estado y, para demostrar que somos los más chulos, se ha lanzado a la construcción de un campo de futbol del estilo "que lo flipas" para demostrar poderío y valor. Estoy pensando en hacer una colecta urgente para que el próximo programa de Salvados sea desde el césped del nuevo San Mamés.
Adjunto foto realizada hoy mismo.
Insisto en que no soy futbolero, quizá por eso me parece una locura. Fíjate que me parece una locura incluso si lo pagara un saudí loco. Justamente enfrente estan las mismas aulas universitarias donde yo estudiaba hace 20 años. Creo que aún tiene, mi escuela, la misma mano de pintura y, para cachondeo, el Athletic, los mismos titulos.
Dime que los de Bilbao no somos chulos.
Dime que los de Bilbao no somos chulos.
3 de mayo de 2013
Pide perdón y estás nominado
Se puede trabajar como un chino, pasarlas putas, cagarse en Dios, tener un futuro negro, ser más rata que un catalán, más vago que un andaluz, más chulo que un madrileño, más bruto que un vasco y más ambivalente que un gallego. Se puede, incluso, dejar que el bolso de Dior tire de la única neurona de tu cerebro y decir que los deshauciados son amigos de ETA. Por supuesto, sin pedir perdón jamás.
Entonces resulta que se puede retractar alguien ipso facto por decir que una vez se fue a una manfestación de ETA, pedir perdón inmediatamente, comprender públicamente que ha sido un comentario de mal gusto y que se arrepiente, con lágrimas en los ojos, de no controlar su lengua y saber ha hecho daño a todas esas personas que han vivido aquella escoria en sus carnes... y entonces, en este país de retrógrados que quieren apedrear a homosexuales por la calle y obligar a que niñas de 17 años den a luz a hijos no deseados, se le juzga y se le condena por twitter.
La sentencia se ejecuta antes que Bárcenas diga "sobre".
Y metemos en gran hermano a la AVT y su bien conocida tolerancia para gracia y regocijo de aquella mujer que antes era periodista.
Todo eso siendo la única vez que he visto a alguien, en televisión, pedir perdón. Ni Zapatero, ni Rajoy, ni Cantó, ni Otegi, ni Más, ni Merkel, ni su puta madre han pedido jamás perdón por hacer sangre de nuestras miserias y nadie les nomina y les expulsa.
1 de mayo de 2013
Ted Bundy, ministro de economía.
Las grandes empresas, los asesinos en serie y los porteros de discoteca carecen de sentimientos. Eso es lo que les hace peligrosos y lo que les hace triunfar en sus trabajos, si es que se supone que andan por la senda del éxito. El resto, ese universo publicitario o esa sonrisa antes de ser condenados a muerte, es postureo.
Ted Bundy, asesino demostrado de 36 mujeres, llegó a pedir matrimonio a una testigo justamente en el juicio por el que le condenaron a la silla eléctrica. Era un casanova, un embaucador, un Dios, según sus propias palabras cuando sentía el poder sobre la vida de los demás en sus manos. La incapacidad de sentir, de aferrarse a la empatía con el sufrimiento de sus victimas o de reconocer y controlar sus propios demonios, es lo que convierte a este tipo de excremento humano en una especie de estrella con película propia y entrada en la wikipedia.
Los seres humanos hemos aprendido abruptamente a controlar parte de nuestros sentimientos. "Tengo ganas de verte", "Ven", "Te necesito" son frases que ya no se prodigan porque, quizá, nos hace sentir que nos volvemos más débiles, que no se puede jugar enseñando las cartas.
Los ejércitos más poderosos desarrollan armas para poder matar sin ver al enemigo y eso precisamente es lo que les hace más peligrosos. Pulsar un botón no implica sentir porque es un frio escudo tecnológico.
Los gobiernos se sientan en sus mesas de caoba, rodeados de cifras, para ajustar de aquí y de allá sin pararse a pensar, excepto en las ruedas de prensa, que al final de una resta hay un despido. El gobierno alemán no es capaz de oir los llantos de un niño griego que se despierta a media noche con hambre,
Se ha demostrado que los hombres son menos empáticos que las mujeres y estoy convencido que cuanto mayor es la sociedad a la que creemos pertenecer menos nos involucramos en lo que le sucede a los demás. No hay mendigos abandonados sin casa en los pueblos y abarrotan las ciudades mientras pasan a su lado, sin mirar, mujeres de largas piernas y tacones de aguja con bolsas de Gucci.
Una de las cosas que hemos asimilado en el principio del siglo XXI es que nuestro mundo es global y que desafortunadamente hay males necesarios. Hemos aprendido que debemos sonreir y aparentar, que existen determinaciones que cumplir y que lo importante es ganar la carrera aunque demos un codazo al otro corredor para llegar por delante por mucho que después, recogiendo nuestro trofeo, alabemos al segundo. Hemos puesto nuestro destino en manos de grandes empresas y de gobiernos dirigidos como empresas que tienen en común lo mismo que todos los grandes asesinos: Se creen dioses y son incapaces de sentir.
Ted Bundy sería un ministro de economía feliz en este día del trabajo.
29 de abril de 2013
Anti estrés de un informático autónomo
Levantarse un lunes y descubrir que ya has pagado el IVA, las retenciones, a un par de proveedores, las nóminas, el alquiler y los autónomos. Además algún cliente, apretado por la falta de liquidez, te ha devuelto una bonita cantidad de dinero de algún recibo que te pagará "cuando pueda". En ese momento recuerdas que, después de haber probado con las pantallas, con algún portátil o con más de un ratón... los teclados son la pieza antiestrés de mayor capacidad para desatar tu propia rabia. Si es Logitech, por si lo quereis hacer en casa, mejor. Aguanta más.
Pd: Sí, ese soy yo. Después de barrer está siendo un día con una calma descomunal y un pequeño dolor de espalda.
28 de abril de 2013
La degradación del elemento productivo
En un mundo en el que nos habían vendido que podíamos llegar a todo ahora nos bombardean con la sodomización de nuestros sueños.
Aparece por televisón una enana petulante contándonos que tendremos que hacer más hueco en nuestros anos y un calvo ceceante afirma que ya tiene preparado el dildo de nuestra penuria. Mientras tanto los informativos se llenan de parados que muestran, con algo parecido a un campo de prisioneros de la crisis, las caras de los que seguramente serán gaseados a lo largo de los próximos meses.
Y no hay ningún abrazo que compense la densa lluvia que cae al otro lado de la ventana.
Nos hablan de escapar de estas calles llenas de comercios vacíos hacia futuros inciertos, lugares a los que no pertenecemos como si fueramos ratas que debieramos de abandonar los barcos que creíamos de oro. Nos hablan, casi como si fueran expertos, del momento exacto en el que todo se fue a la mierda.
Aparece por televisón una enana petulante contándonos que tendremos que hacer más hueco en nuestros anos y un calvo ceceante afirma que ya tiene preparado el dildo de nuestra penuria. Mientras tanto los informativos se llenan de parados que muestran, con algo parecido a un campo de prisioneros de la crisis, las caras de los que seguramente serán gaseados a lo largo de los próximos meses.
Y no hay ningún abrazo que compense la densa lluvia que cae al otro lado de la ventana.
Nos hablan de escapar de estas calles llenas de comercios vacíos hacia futuros inciertos, lugares a los que no pertenecemos como si fueramos ratas que debieramos de abandonar los barcos que creíamos de oro. Nos hablan, casi como si fueran expertos, del momento exacto en el que todo se fue a la mierda.
Y la inmensa mayoría del mundo se centra en el puto dinero como si fuera lo único, como si el ser humano hubiera nacido para eso y para ser inmensamente feliz en una opulenta casa llena de oro y con una pareja perfecta que le lleva al orgasmo múltiple todas y cada una de las veces que lo intenta.
Es lógico, entonces, desesperarse en el momento en que eso, exactamente eso, no sucede y, además, viene alguien a repetirnos que no va a pasar. En ese preciso instante es cuando entran las ganas de rendirse porque también nos cuentan que no se debe uno meter en guerras que no puede ganar.
Existe una campaña de pubicidad basada en un experimento. Básicamente una persona, experta en retratos robot, hace dos dibujos. Uno con lo que la propia persona le cuenta sobre ella misma y otro con lo que otras personas le cuentan de la primera. El resultado es que la impresión que uno tiene sobre si mismo es peor y más alejada de la realidad que lo que son capaces de ver los demás.
Es lógico, entonces, desesperarse en el momento en que eso, exactamente eso, no sucede y, además, viene alguien a repetirnos que no va a pasar. En ese preciso instante es cuando entran las ganas de rendirse porque también nos cuentan que no se debe uno meter en guerras que no puede ganar.
Existe una campaña de pubicidad basada en un experimento. Básicamente una persona, experta en retratos robot, hace dos dibujos. Uno con lo que la propia persona le cuenta sobre ella misma y otro con lo que otras personas le cuentan de la primera. El resultado es que la impresión que uno tiene sobre si mismo es peor y más alejada de la realidad que lo que son capaces de ver los demás.
Con nuestra vida, con nuestras amistades y con nuestras parejas vivimos la misma situación. Creemos y nos intentamos convecer de excesos. Y esos excesos son muy negativos en este momento de nuestras vidas. Quisimos la perfección y si no se da, entonces, lo degradamos todo a niveles paupérrimos. Exactamente a los mismos niveles dramáticos que puede tener el periodismo destructivo que exalta la pena con el mensaje de que "puedes ser tu".
En los años 80 nos sorprendía ver a todos esos niños famélicos de Etiopia sonreir a las cámaras con una sinceridad pasmosa mientras nos contaban estadísticas mugrientas sobre las tasas de mortalidad. En el año 2013 los niños son los 6 millones de parados sin sonrisas como si hubiéramos admitido que el único parámetro válido fuera ese y que nos quisieran o que nos abrazaran no fuera algo que mereciéramos por el mero hecho de ser personas productoras que no pudieran producir.
Somos mucho mejores de lo que creemos ser, de lo que nos quieren hacer creer que somos en este momento. Arrastrarse es dejarse llevar.
Principalmente porque somos algo más que un elemento productivo y somos mejores de lo que creemos. Solo hay que mirar los retratos.
En los años 80 nos sorprendía ver a todos esos niños famélicos de Etiopia sonreir a las cámaras con una sinceridad pasmosa mientras nos contaban estadísticas mugrientas sobre las tasas de mortalidad. En el año 2013 los niños son los 6 millones de parados sin sonrisas como si hubiéramos admitido que el único parámetro válido fuera ese y que nos quisieran o que nos abrazaran no fuera algo que mereciéramos por el mero hecho de ser personas productoras que no pudieran producir.
Somos mucho mejores de lo que creemos ser, de lo que nos quieren hacer creer que somos en este momento. Arrastrarse es dejarse llevar.
Principalmente porque somos algo más que un elemento productivo y somos mejores de lo que creemos. Solo hay que mirar los retratos.
24 de abril de 2013
Perrovintage
Existen elementos que son inversamente proporcionales a la verdad. Hay muchos más teléfonos de última generación en poblados chabolistas que en el mismísimo barrio de Salamanca. Urdangarín va en un golf de tercera mano.
Ostentar ya no es cool. Lo que mola es llevar una chamarra gastada, comerse un pincho de tortilla sentado en un escalón cerca del bar y liarse un cigarro antes de irse a dormir a un hotel de cinco estrellas y, aunque quemes la ropa cada vez que te la pongas, volver a parecer un buscavidas por la mañana con la barba a medio afeitar, algún roto en el pantalón, unas zapatillas casual, una camiseta básica y la misma chupa de cuero que el tipo del anuncio.
Ostentar ya no es cool. Lo que mola es llevar una chamarra gastada, comerse un pincho de tortilla sentado en un escalón cerca del bar y liarse un cigarro antes de irse a dormir a un hotel de cinco estrellas y, aunque quemes la ropa cada vez que te la pongas, volver a parecer un buscavidas por la mañana con la barba a medio afeitar, algún roto en el pantalón, unas zapatillas casual, una camiseta básica y la misma chupa de cuero que el tipo del anuncio.
Hubo una época en la que los ricos tenían que demostrar que lo eran de la misma forma que en la edad media aquellos que eran pálidos y casi albinos tenían en su tez la demostración absurda de que eran más que los demás. En los años 80 sacar el ladrillo que era un móvil o tener un coche aún más grande era el equivalente a la blancuzca piel medieval. La globalización del cambio de siglo y las copias chinas casi imperceptibles cambiaron aquello. A partir del 2000 hasta el más gilipollas tenía un iphone y el último soplagaitas se había comprado un Chayanne Cayenne que rugía junto a los BMW M3 de los chicos con pelo corto y gafas en la cabeza en los semáforos.
De alguna forma habría que diferenciarse de los demás. Las demostraciones públicas de poderío las podía hacer cualquiera.
Así que alguien descubrió que lo vintage era la seña de los nuevos ricos. Y una nueva banda de "posh" dejó Marbella para irse a las playas recónditas de Ibiza donde hacer picnic, liarse unos porros, jugar al voley playa y esperar a que el mayordomo les vaya a recoger con su yate. Claro que lo del yate sólo lo ves a última hora, cuando has pasado toda la tarde pensando que querían robarte el bocadillo de la toalla.
Conozco a quien afirma que un rico es un tipo que parece que te va a robar pero que huele bien. Más o menos un "perrovintange".
Mi abuela diría que las chicas de Desigual son unas cabareteras descocadas. En el último anuncio de Louis Vuitton las modelos parecen prostitutas.
Parecer rico es de pobres. Ironías del siglo XXI. Ya no te puedes fiar.
22 de abril de 2013
Estado de excepción mental.
Algunos psicólogos afirman (lo siento, es un artículo del periódico que luego he descubierto que está de pago en internet, pero gratis con un cafe en un bar) que toda esa parafernalia gritona y excesiva de la televisión está empezando a pasar factura a nuestra sociedad. Dicen que se estan dando cuenta que muchas personas imitan esos comportamientos erráticos y excesivos que ven por sus pantallas, que lloran y se enfadan como un tertuliano al borde de un ataque y que se levantan y se indignan en medio de las conversaciones de la misma forma que algunos se ciclan como los musculitos promíscuos de alguno de los shores y se considera que se puede llegar a algún lugar de éxito con la capacidad intelectual que se muestran en gran hermano.
Dicen que por alguna razón extraña se están adoptando esos roles como un modo de comportamiento normal que pasa del drama a la comedia, del enfado al sexo desenfrenado y de la amistad al odio de maneras impredecibles.
A mi me han dicho más de una vez, como conclusión casi infalible, que querían una relación normal y es ese "normal" el muro infranqueable de la verdad porque para muchos, poseídos por la pose de las supuestas parejas perfectas y las series de "divinity" que siempre acaban con un abrazo y un fundido a negro, lo normal es un salto cuántico, en el agujero negro de la vida, a lo imposible.
En medio de una sociedad poseída por los Gps da la sensación de que muchas veces importa el destino del viaje sin preocuparse de las estaciones intermedias por las que haya que pasar, como un tren de cercanías en contraposición a un Ave que desprecia las ciudades del trayecto. Sin embargo muchas veces lo mejor es el viaje y saborear el aire limpio de un pequeño arcén ferroviario. Es mucho más gratificante viajar en moto por carreteras comercales que acelerar con el coche por una aséptica autopista casi desierta.
Si lo extendemos a las cosas que nos pasan nadie se para a pensar en los pasos que existen entre el delito y la pena, entre los prolegómenos y el orgasmo, entre estar tranquilo, quererse, amarse u odiarse. Cuando una noticia aparece en televisión queremos a un culpable abatido a tiros en Boston, un duque entre rejas y una folclórica arruinada cantando por dinero en las calles de Chipiona. No nos vale, nunca, el proceso o la paciencia del tiempo que nos lleve de un lugar a otro o incluso a un lugar que nunca pensamos que fuera nuestro destino. No nos vale que aquel mensaje quedara sin resolver y si tuvimos que salir solos, sintiéndonos abandonados, quisimos volver a las 7 profundamente borrachos para hacer más honda la herida de la distancia como si fuera una venganza. Y, además, consideramos como cierto que el resto del mundo funciona con las mismas premisas porque así nos lo enseñó la televisión, la radio y el telediario de las 9. No existe nunca un punto intermedio en los lugares en los que nos encontramos y en los que creemos que vive el resto del mundo. Si vemos a una pareja por la calle creemos que se adoran y si discuten esperamos la agresión como quien espera un misil nuclear desde Corea del Norte. Todas las reconciliaciones las pensamos como borbotones sexuales del ático de Grey y todas las separaciones como las luchas a muerte de las telenovelas venezolanas.
Y, por mucho que nos bombardeen haciéndonos creer que la verdad es esa, no lo es.
Principalmente porque es agotador vivir, a la espera del nuevo subidón, la próxima depresión o el nuevo improperio, en estado de excepción mental a todas horas.
20 de abril de 2013
Boza.
Hay dias en los que, mientras una lluvia fina cae por la ventana antes de ir a trabajar en sabado, que es cuando trabajan los autonomos y los que van a turnos, recuerdas "de lirios y éxtasis" y te encuentras con esto tras una de esas noches en las que hubieras matado por no dormir solo pero la falta de tolerancia a la frustración, las circunstancias o la cobardía te han proporcionado todos los lados de la cama.
19 de abril de 2013
Estúpidas modas en video
Le das a toda una sociedad la posibilidad de intercambiar información en forma de videos y un dia, más allá del Harlem Shake, descubres que se pone de moda hacer que se caen en los supermercados. Entonces piensas que es una pena.
Más tarde te cuentan que hacer que nadan en los pasillos de sus institutos es lo último de lo último. En ese momento certificas lo extraño que es el comportamiento humano.
Pero cuando ves que hay más de 40.000 (cuarentamil) videos diferentes de adolescentes que realizan el reto del condon (que es meterselo por la nariz y sacarselo por la boca), en ese preciso instante, justo cuando ves al fondo , colgado de la pared, el poster de Justin Bieber, es cuando descubres que la estupidez humana no carece de límites.
17 de abril de 2013
Desmayos, que es lo que les jode
Los grandes siempre supieron retirarse a tiempo. Pelé lo hizo cuando era el más grande, y eso le hizo un poco más enorme. Magic se retiró siendo el mejor, por mucho que idolatren a Jordan. Las estrellas del rock mueren a los 27: Hendrix, Joplin, Cobain. Hasta Chiquito de la Calzada supo cuando había llegado su momento. Isabel Pantoja no tiene ni idea y se desmaya buscando la misma pena que un niño cuando llora buscando que alguien se compadezca de él después de saber que algo hizo mal si es que se cagó en la alfombra del salón de su tía. Pone la misma cara del perro que te espera con ojos lánguidos en la puerta porque sabe que eso de comerse la pata de madera de la cómoda de la abuela no fue una mala idea, como tampoco fue llevarse el dinero público de Marbella.
Y los mismos que le gritaban ese incomprensible "guapa" mientras ella hacía caja con la muerte empitonado de su marido torero son los que ahora le gritan "choriza" antes del desmayo que sufre cuando su chófer se alza sobre las cabezas desde el techo de su coche pidiendo comprensión para la delincuente condenada.
Pantoja, casi como la incultura pueblerina y vergonzante de la España profunda, no sabe que pasó de moda y se ha convertido, desde hace demasiado tiempo, en un esperpento con un hijo Dj que se gasta los 3000€ que le pagan por bolo en invitar a quien le acompañe y en esa misma noche. Le falta sacarse un pecho en Interviú o que Paquirrín venda un robado con un huevo al aire para terminar de arrastrar la dignidad que no le queda.
Nadiuska murió sola, pero murió digna. Jurado murió estirando el mito de la folclórica magnífica hasta que su marido, una sombra que se moja los labios con liros de alcohol que corren por sus venas, no supo ser honrado y proclamarse el asesino que fue. Lina Morgan se retiró en el hostal Royal Manzanares y Pedro Ruiz esconde su prepotencia en obras de teatro donde acuden sus nostágicos y, según me han dicho, Inma del Moral escondida tras unas gafas de sol.
Desconozco si Belen Esteban superará el desgaste mediático vomitivo de Isabel Pantoja cuando la encuentren vendiendo un robado en los arcenes de la Casa de Campo de Madrid. Lo que es seguro es que ninguna ha sabido agradecer esa donación incomprensible que tiene la sociedad para con algunas personas que nunca se lo merecieron. Ni la buena muchacha, grupie de toreros, embarazada de casualidad. Ni la folclórica campechana que le quitó el marido a una yonki muy guapa que murió mucho más digna y menos mangante.
"Desmayos, que es lo que les jode"- debió de pensar haciendo un papelón de remake sobreactuado y bajo presupuesto, por mucho que el millón de euros lo terminen pagando los marineros de luces.
Estoy esperando ver a Urdangarín y a la infanta desmayarse a la salida del juzgado de Palma mientras el reportero de tele5 les da aire con una cartulina con la película que den a las 22h00.
Nunca vi desmayarse a los padres de Marta del Castillo y estos sí que tienen motivos.
15 de abril de 2013
Faceskynet
Una de las cosas que lleva consigo el facebook home es que va a decidir por ti un buen montón de cosas y además te lo venden diciendo que es lo que se lleva. Se supone que si el teléfono se queda quieto más de seis horas por las noches en la misma ubicación el programa decidirá que esa es tu casa y así lo publicará porque no es capaz de pensar que te hayas echado una amante, estés de vacaciones o te hayas quedado en el mismo banco del parque durante un tiempo. Si el GPS se mueve a ritmo de cabllo trotero publicará que haces deporte y si tienes muchos amigos homosexuales, por extensión, te mandará publicidad del último número de Shangay o de la remasterización de los grandes éxitos de Olivia Newton John. Más o menos facebook pensará por ti aunque no sea capaz de diferenciar entre una amiga sin mas, un momento de debilidad, una relación muerta o ese cariño amable y cómplice de lo que pudo ser y no fue. A más de uno le encantará porque, en realidad, una de las partes del ser humano desea que piensen por él.
Hace unas semanas veía un reportaje sobre la guerra por control remoto y planteaba el problema ético por el que ahora mismo es perfectamente posible meter en el cerebro electrónico de una máquina de matar la imagen renderizada del malo al que liquidar y darle la orde de "muerte". En ese instante el robot se irá , con sus metralletas y sus misiles, a la caza y captura irracional del tipo de la foto hasta acabar con él. Los bit y los bytes decidirán todo lo necesario para llegar a su destino porque en el mundo de la guerra importa el fin, nunca los medios.
En los dos casos, casi como un antecesor de Skynet , se deja en la supuesta ejecución metálica de la verdad aquello sobre lo que nos aburre tener control.
Cuando en nuestra sociedad todos nos creímos superhombres dejábamos que una avalancha de inmigrantes realizaran todos los trabajos que no quisimos y por eso, casi de soslayo, los gobiernos convertían las fronteras en coladores y las nuevas promociones inmobiliarias en torres de Babel donde el occidental era el único que no se manchaba las manos. Aquello fue un Skynet social de la misma forma que contratar a un becario para que actualice tu estado en facebook.
Es absolutamente cierto que vivir, hoy en dia, es más complejo que hace unos años. Parece que hay que poner las fotos de tus viajes en facebook, ser ocurrente en twitter, responder a los whatsapp con soltura, tener el coche con la revisión pasada y la caldera de casa a punto. Hay que ser un hipster con todos los detalles, llevar los calzoncillos a la moda por lo que pudiera pasar, tener opinión sobre la coyuntura económica y social, actualizar el sistema operativo y cuidar el bronceado mientras disfrutas de la democracia.
Mi madre me contaba que ella, después de la guerra civil, tenía un vestido igual al de sus hermanas que era el que se ponía los domingos. No tenía otro así que se lo ponía y lo lavaba el lunes para dejarlo preparado para el siguiente fin de semana. "Ahora abro el armario de tu sobrina y tiene tantas cosas que no me extraña que tarde tiempo en decidir"- me decía.
En realidad nos hemos creado muchas obligaciones que no son más que correas invisibles que nos atan a demasiadas cosas y, casi de manera instintiva, ahora buscamos que sean las máquinas las que lo hagan por nosotros. No nos gustó lavar e inventamos la lavadora. No nos agrada limpiarnos el culo y hay unos sofisticados retretes mecánicos con chorrillos a presión. Hasta ahí casi todo tiene que ver con la capacidad del ser humano para hacernos la vida más cómoda. Incluso aprendimos a volar. Sin embargo, casi como una necesidad comercial de la modernidad, nos creamos necesidades que no son necesarias y ahora, cuando se han convertido en excesivas, queremos que las máquinas las hagan por nosotros en vez de hacer lo que hacía mi madre: preocuparse de diferenciar entre lo necesario y lo superfluo.
El problema es que da la sensación que lo necesario es Google y lo supérfluo comer.
Cada día veo más personas en un burguer haciendo fotos para subirlas a facebook con la wifi del establecimiento. Da igual que sea carne de vaca. Da igual que sea carne. La cámara de seguridad ya le ha etiquetado y le ha llegado un cupón promocional con las ofertas en patatas con salsa. Las pringles no son patatas, es una pasta de harina.
12 de abril de 2013
Zara, la esclavitud y un filete de panga.
Han vuelto a denunciar a Zara por la utilización de talleres esclavos en Argentina para confeccionar sus prendas. Esto, que es profundamente indignante, se enfrenta de cabeza contra esa cantidad de personas, orgullosos y justos defensores de las buenas artes, que compran en Zara porque, entre otros argumentos, es barato.
Eso es parte de la dualidad malévola que tiene el capitalismo cuando lo enfrentas a la sensibilidad humana.
Hay una serie de planteamientos básicos que resultan incorrectos, uno de ellos es que el dinero es infinito y otro que las cosas por las que pagamos no le cuestan al que nos las vende. Tal y como están las cosas, probablemente gracias a la publicidad engañosa, algunos consumidores creen que los descuentos pueden ser infinitos. Quizá por eso más de uno empieza a tratar de convertirse en un regateador digno de un delantero centro de un equipo regional. No me lo invento. He visto a señores muy dignos haciendo contraofertas en los mostradores de El Corte Ingles.
La capacidad de empatía con el contrario es una gran carencia del mundo contemporáneo. La consideración, casi impuesta, en que el mundo que vivimos es el mismo que viven los demás resulta de una imposición extrema. Si mandas un mensaje esperas una respuesta inmediata porque supones, estúpidamente, que la otra parte está sentada esperando para responderte. Si tienes frio presupones que ellas tienen los pezones señalando al norte y si necesitas un abrazo te enfadas porque los demás, egoistas y malévolos, no lo hayan adivinado sin haberles dado pistas. Si crees que necesitas un jersey y está caro en Zara crees que Amancio Ortega lo hizo para hacerte daño a ti.
Algunos viven en la creencia, casi como el Show de Truman, que el mundo gira a su alrededor de una manera ególatra, soez y procaz. Es agotador pensar, en la mayoría de los casos, que comprar ropa barata fomenta la esclavitud, comprar filetes de panga ayuda a que la guerra del Congo continúe, montar en Ryanair da un argumento más a que los sueldos de sus trabajadores sean miserias y consumir en el bazar chino de la esquina mata a un comercio de toda la vida si es que aquel chino escapó de las condiciones infrahumanas con las que Foxconn fabrica tu iphone .
Algunos creen que el ideal de la democracia es comer una hamburguesa barata los sábados por la tarde antes de que te quieran de manera eterna toda la noche bajo sábanas de raso.
Y hay días en los que te recuerdan el precio.
Mañana se te olvida mientras te haces una foto con tu camisa nueva sonriendo por la rebaja que lograste.
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