Mal dia para buscar

22 de abril de 2017

El olor de la nueva economía

Mi abuela, después de la guerra civil y la ruina de mi abuelo a manos de uno u otro bando (que me da igual), aprovechó un pequeño local en la misma calle en la que nació Cervantes, frente a la iglesia del Cristo de Medinacelli. Está muy cerca de la puerta del Hotel Palace y ahora es parte de un bar ce cañas y tapas. Decidió vender velas para los devotos y pastelitos para los huéspedes del hotel. Ahí estaba, cada día, detrás del mostrador. Es más que probable que todos y cada una de las largas jornadas entre 1950 y 1980 estuviera preparando una forma nueva de llegar a otro cliente más. Poco a poco, con esfuerzo. A veces guardando en la cámara frigorífica los pasteles para el día siguiente y a veces partiendo con cuidado alguno por la mitad para sacar el doble de beneficio. Mi abuela no era contable pero era una guerrera.

Salió adelante. Educó a sus hijos. Compró su piso. Me dio 25 pesetas de paga en 1985 detallando que pensara dos veces en qué me lo iba a gastar. Era un ejemplo de la economía de la posguerra y la demostración empírica de lo del trabajo y la constancia.

Mi padre estaba estudiando algo parecido a económicas en Madrid allá por los años 60 y decidió, en un alarde que nunca entendí, coger a su superseñora esposa, su hija y sus sueños para hacerse quinientos kilómetros (que son miles en la época actual) para empezar de cero en la costa cantábrica. Fue contable, responsable de contabilidad, jefe de contabilidad, adjunto a gerencia y gerente 45 años después. Decía, mezcla de lo aprendido y de su propia experiencia, que el tiempo y el esfuerzo son los dos componentes de los resultados y si acaso yo aparecía algún día con un notable la única explicación posible es que no me había esforzado lo suficiente porque, como algunos que se han leído la contraportada de un libro de Coehlo, cada uno es capaz de todo si se lo propone con suficiente firmeza.

Así que un día, atontado por la tradición familiar, yo mismo me puse manos a la obra. Me esforcé y me esforcé. 22 años después sigo esforzándome cada momento sin sentir un pequeño porcentaje de todo lo que me enseñaron y me demostraron. Hace no mucho me senté a pensar en lo que pudiera ser el futuro. Me puse a ver las empresas que estaban marcando tendencia a nivel mundial. Miré los fenómenos de twitter, facebook, uber, airbnb y llegué a la conclusión de no entender nada.

No se entiende nada cuando el referente de la industria automovilística, Tesla, resulta ser la empresa con mayor crecimiento en bolsa, valiendo más que la todopoderosa Ford (vendiendo 7 millones de coches menos) y teniendo que llamar a 53mil  (de los 80mil vendidos) porque sus frenos están mal diseñados. Ojo, que es lo más importante, y perdiendo 2300 millones de euros. Es decir: la empresa que es la envidia resulta ser una máquina de perder dinero.

¿Y los demás? Uber España gana 60mil/€ (que son tres sueldos bajos). Pero a nivel mundial pierde 13000 millones. Twitter perdio 167millones de euros el año pasado. Airbnb tienen 9 (!nueve!) empleados en España y Blablacar ganó 8000€. ¿Qué puta broma es ésta?. El bar debajo de mi casa genera más trabajo que todos estos tipos.

¿De donde sacan el dinero?. Pues parece ser que como se supone que algún día ganarán dinero hay quien les da y les da para ver cuando llegan los premios. Es como invitar a alguien en un bar sin saber si acaso te hará caso, despertará contigo o quizá sea alguien con quien compartir el futuro. Mientras tanto sólo es perder dinero.

Si mi abuela o mi padre me vieran montar un negocio ruinoso desde el minuto 1 me darían collejas hasta que se me salieran los ojos. Pero cuando se habla de emprendedores y de magníficos referentes de futuro, cuando los periodistas económicos y tecnológicos se acercan a un nuevo Steve Jobs (recordemos que no era un buen informático sino un vendedor de lujo, al estilo Branson o Musk), siempre hablan del impacto social y los millones de usuarios. (Whatsapp:  billon de usuarios, cero ingresos) apostando sólo a la venta de nuestros datos como fuente de ingresos (conversaciones, intereses, uso...), pero ahí el único que gana es google y un poco facebook. Pero ninguno, ninguno, ninguno gana del producto que vende. Puede que porque el producto es una mierda o porque los clientes no están educados en pagar con cash, que es como cobraba mi abuela.

¿El futuro, entonces, es no preocuparse de la rentabilidad o la calidad del producto? ¿Vender que algún día será muy bonito y encontrar a locos que den dinero por nada?

Los dueños de Twitter, de Snapchap, de Tesla, de Uber o de Airbnb son hombres ricos sin haber ganado ni un solo euro.

No huele bien este concepto de economía. No.
Bueno, sí: huele a burbuja, a vacío.

Claro que si yo voy al banco contando que voy a perder cientos de millones de euros durante años se consideraría lógico que me den patadas en el culo hasta ponérmelo morado. 

Es todo muy loco pero lo curioso es que ES ASI.

No importa el producto, la calidad o el beneficio. Cuidado con el futuro de eso porque tendremos malos productos, de calidad infima y en empresas ruinosas. Eso sí, todo muy colaborativo.


Pd: no hablo de microsoft porque ellos hacen un sistema o una aplicación y te la venden, te la cobran y a otra cosa, butterfly.
Pd2: y todas esas empresas, al estilo swatch o ikea, que venden lo que se ha vendido siempre pero comosi lo hubieran inventado sus publicistas, tampoco.

Hacer algo bueno y mejor parece una utopìa. Quiero tener un negocio que sea como un buen directo donde todo encaja. Lo quiero todo.

21 de abril de 2017

No se puede

En estos tiempos modernos
eternos de juegos, de etéreos misterios
y de pecados infumables vendidos con ojos sinceros
no se puede decir aquello:
No se puede decir "moro"
No se puede decir "tuerto", "negro", "cojo" o "gordo".
Que uno era bueno en el gobierno
o que, ardiendo, una vieja salvó a un bombero con miedo.

No se puede hablar bien de Cristo
ni decir que hay mujeres malas,
empresas ecológicas que usan esclavas
o niños cosiendo que hacen camisas baratas.
No se puede rechistar a un "listo"
a uno que se jacta de sus andadas:
subvenciones infames mal dadas,
mal pedidas, mal cobradas. A pobres quitadas.
Bajas laborales fingidas
o compras por internet falsas.

"Más roban los políticos"
los autónomos, los taxistas, los críticos.
Los que no son el grupo del que queremos ser
Místicos con bondad a un lado
y del otro los enemigos. Sé
que calma la culpa, que evita el drama,
que no se puede decir que es
una zorra, un cabrón por fin muerto.
No se pueden meter dos tiros al último hijo de puta,
al nuevo pelele políticamente correcto.

No se puede dar una bofetada a un niño heredero de Satán,
hablar bien de una monarquía, mal de la democracia
decir que tuvo un acierto, una vez, una dictadura
o que es una mierda la buenocracia.
Que ser vegano es una anarquía banal,
un postureo infame e impositivo que primero hacía gracia
y ahora, comprando pollo, te miran mal.

No se puede hablar bien del boxeo,
que parece arte un pase torero
o que, un día, para ser sincero,
cuando te hice una foto de la espalda desnuda entre las sábanas revueltas de nuestra incorrección
quise decir: "lo siento", "me planto", "me quedo"
"aprendo", "me hago pequeño", "tiemblo" o "te quiero".

No se puede porque hay que ser moderno,
categórico, infalible, perfecto, sereno.
Cada día que pasa, cada minuto que me desvanezco en tu memoria, que me pierdo
puedo menos. No puedo.
Me clavarán un cuchillo la modernidad y tú en la debilidad de mis huecos
Mi cadáver lo encontrarán el martes podrido y desabrigado: yermo
Sin apelativos, sin noticia, sin ti. Sin haber hecho nada por intentar más que ser cierto
y volverme inconveniente, incómodo, inquieto.
Soy la parte de la mente que te dice lo que piensas y luego lo escondes porque no es correcto.

20 de abril de 2017

Venial y mortal.

El padre Blas me explicó una vez, en la intimidad de su despacho del primer piso, la diferencia entre pecado mortal y venial.

-El pecado venial es- decía a modo educacional- cuando parpadeas un instante y ves un pecho. No quieres ni tienes la intención y, aunque no debes, lo ves, lo cometes. Eso es venial- En ese momento corregía su posición en la silla, estirando la espalda y poniendo cara seria -Sin embargo- seguía-  si cierras los ojos con la intención de ver un pecho y sigues hasta visualizarlo. Eso, eso es mortal-

A día de hoy se parece a la diferencia entre hacer una gilipollez o ser un gilipollas. Una cosa es venial y la otra, mortal.

He muerto muchas veces.

15 de abril de 2017

La casa del misterio (grandes, fuertes, héroes)


A veces pienso que estamos tan cansados de ser engañados, de descubrir que el camino de la sumisión siempre es el más cómodo, que no miramos a los estantes de arriba o de abajo en el supermercado y aunque sabemos que los productos a la altura de los ojos son los que tienen trampa. Caemos



Ha pasado mucho tiempo desde la casa del misterio por eso tú deberías saber que ya no puedes hacerme daño. He descubierto tu secreto: extenderte por el mundo. Cuando se acabe la mentira responderás con el silencio. Qué difícil darse cuenta en qué te estás convirtiendo. Otra vez diste la vuelta,¿para qué hablas conmigo? ¿para qué hablas conmigo? Íbamos a ser grandes, fuertes, héroes. El arañazo de un recuerdo escuece todo el tiempo, tráfico en la ciudad. Pensando en cosas que quizá tuve me ha pitado un BMW ¿Qué te pasa a ti chaval? Como ves sobre la mesa se deslizan todas las piezas ¿Dónde iba el miedo y dónde la verdad?. Destruido este mundo de los restos que ahora ves construiré el mío. Construiré el mío, Construiré el mío. Una razón, un dios, un credo miran por el agujero, yo me vuelvo a desnudar. Puede que el rumor sea cierto, 24h abierto, te los envuelven para llevar. Puede que el ruido de un insecto te despierte de un gran sueño, volveré a dormir y construiré el mío. Construiré el mío. Se abre el cielo ya. Lo importante habita en otro lugar esperando que todo se haga más pequeño. Ha pasado tanto tiempo. Ha pasado tanto tiempo. Íbamos a ser grandes, fuertes, héroes. Grandes, fuertes, héroes. Grandes, fuertes, héroes. Ha pasado tanto tiempo, y seréis grandes, fuertes, héroes

9 de abril de 2017

La fragilidad de la memoria.

Cuando ETA decide, como si fuera un ente con posesión de la verdad y de los tiempos, hacer treguas o dar las armas, resulta que se autodefine como "artesanos de la paz" y no puedo, aparte de recordar la definición de eufemismo, más que pensar en la capacidad que tienen las palabras de maquillar la verdad. Artesano, Paz, son dos hermosas palabras y es que hijo de puta, muerte, no suenan tan bien.

Lo curioso de todo esto es que parece que cuando algo no nos gusta, y me refiero a la conciencia global como si fuera una persona, tendemos a eliminar los malos recuerdos. No nos acordamos de lo mal que nos trató aquella persona sino de los buenos momentos que pasamos juntos. No queremos recordar que hace 60 años las salvajadas políticas llevaron al mundo a la guerra y ahora volvemos a ver los mismos discursos, unos tachados de izquierda y otros de derecha, en las cámaras de representación popular europeas. Hay nazis en todos los parlamentos que también usan las palabras Paz y democracia para su propio interés. Es más. Estoy convencido que son nazis pero no lo saben ni ellos mismos. Lo siento por sus seguidores pero cuando Pablo Iglesias, que a priori es un tipo inteligente, dice que Otegi es un demócrata se está olvidando que el susodicho estaba con una pistola en un monte planificando cómo secuestrar al hijo de un empresario vasco mientras él aún no había empezado la universidad. Podemos se preocupa mucho más de los asesinados por Franco para hacer el Valle de los Caídos que de los asesinados por ETA, que aún están calientes. Me refiero a la intensidad en sus reclamaciones, ambas aceptables pero irónicamente con energías diferentes en su proclamación.La intensidad es muy importante en la política moderna.

Parece que se nos tiene que olvidar el pasado porque no nos gusta o no nos interesa para nuestro presente.

Hay elementos de nuestra historia que los tenemos ahí para aprender de ellos y parece que nos resulta mucho más cómodo olvidarlos. El crack del 29 y la crisis de los últimos años son hijos del mismo padre. Las ultraderechas y las ultraizquierdas son hijos del mismo padre que el nazismo. Los nacionalismos llevaron a Europa a la primera guerra mundial (el asesinato por un nacionalista serbio del archiduque de Austria), a Yugoslavia al desastre y las guerras entre religiones llevaron a las cruzadas. Parece que no hay que mirar muy atrás para ver lo mismo que puede suceder mañana y, sin embargo, queremos no recordarlo.

La memoria global es, en este siglo, tremendamente frágil.

Es una pena que exista ese certero riesgo de repetir las mismas tonterías una y otra vez.

Es una vergüenza que algunos, con lo de ETA, ensucien la palabra Paz con lo bonito que suena. Pero, claro está, la moda de esconder la mierda bajo palabras bonitas es algo muy moderno y politicamente correcto.
Pd: recordemos Gesto por La Paz,
Pd2: (2010)  ETA no me importa

7 de abril de 2017

Infantilización, progreso y estupidez (literatura)

(Parte del capítulo 34, muy cerca del final. Aún no se si esto es un coñazo y es un resumen previo al chispun como los resúmenes de los libros de texto. Situación sin spoilers: un científico que puede medir la estupidez habla de sus hallazgos a un periodista)

- En la historia las sociedades se han intentado organizar de múltiples formas. Tuvimos tribus y tuvimos reyes absolutistas. Dimos muchos pasos hasta llegar a lo que se supone que es la modernidad o, al menos, lo que vivimos como modernidad. Todas y cada una de las evoluciones técnicas han alterado y cambiado nuestra forma de actuar llegando, casi siempre, a un punto mejor que el anterior. Incluso en el origen de algo tan etéreo como las religiones hay un razonamiento técnico: no relacionarse con la tribu de al lado era una forma de no pasar enfermedades para las que nuestro grupo no estaba inmunizado.
-Pero eso llevó a las cruzadas, a la lucha entre religiones.
-El caso- dice guardando el dato para después- es que la propia organización social bebe de dos fuentes: nuestras necesidades y los medios de los que disponemos para cubrirlas. Las primeras tienen una parte básica y otra que va variando. Comer es algo básico, tener wifi –dice señalando a su tablet- o que haya un buzón de correos cerca para las cartas que se mandaban el siglo pasado es algo variable. Cuantos más humanos hay en el planeta más difícil es la organización de los mismos y las formas de organizarnos han de modificarse. Es perfectamente lógico pensar que ya no somos un grupo de pequeñas organizaciones autosuficientes sino que de la misma manera que los hombres cazaban y las mujeres cuidaban de la cueva en estos momentos unos cultivan, otros manufacturan, otros dan servicios y otros se van organizando para ir moviendo el engranaje que es la propia sociedad. Todo lo que estoy contando son obviedades pero, en realidad, aún estoy a principios del siglo XIX. ¿Qué pasó después?. La democracia.
-Pero- dice Roberto- la democracia es un invento de los griegos. Antes de Cristo.
-No esa democracia.- responde como si esperara esa interrupción- Los griegos hablaban de democracia como concepto pero sólo podían tener poder de decisión los llamados hombres libres que eran, en realidad, el 10% de la población. El resto estaba muy ocupado sobreviviendo. Lo mismo puedo decir de las mal llamadas democracias urbanas que proliferaban en Europa algo después de la edad media. Un grupo de elegidos ponían las normas a su antojo. Hacían, por decirlo así, clubes de elegidos que gobernaban sobre los demás contando la mentira de ser una decisión de todos. Pero la idea “todos” es la clave. ¿Por qué?. Porque cuando en la toma de la decisión entran más personas la decisión en si misma cambia ya que responderá a lo que se considerará más o menos importante por esa conciencia, digamos, global. Cuando realmente se impone la democracia tal y como la entendemos es en el XIX y nos encontramos en una época en la que se han diluido las visiones completas de la sociedad en pro de la especialización de cada uno en el diente de su engranaje y se han primado elementos como “tener” por encima de “subsistir”. La revolución industrial, aunque buena en su origen, es la principal responsable de la primera guerra mundial y cuando nos recuperamos de ella nos dimos de bruces, tras los “felices años 20”, con la gran depresión. ¿Por qué?.  Porque los ciudadanos y los gobiernos se comportaron como unos estúpidos. Al descubrir la grandiosidad del mundo y poder esquilmarlo y manipularlo decidieron por su propio interés más que por el interés general. No es fruto de una sola decisión sino el cúmulo de millones de decisiones simultáneas. No hace falta decir que, como lo de las religiones de antes, era una buena idea que terminó de forma aceptablemente dramática. Las guerras mundiales son las cruzadas del siglo XX.
-Entonces alguien pensó que la democracia era la gran respuesta a todos los males, que el egoísmo de unos líderes malvados habían llevado a la quiebra a nuestra sociedad. Si los líderes los elegimos entre todos la responsabilidad se diluye y no es culpa de nadie elegir democráticamente Hitler. Él aprovecho publicitariamente las condiciones impuestas a la sociedad alemana por ser la responsable, como siempre pasa con los perdedores, de la gran guerra. El problema no es que fuera algo democrático sino que utilizó el mensaje de “no se preocupen porque si yo estoy aquí no habrá ningún problema. Podrán sentarse en sus casas mientras mis amigos nazis y yo nos encargamos de su felicidad”. Eso, dicho así, es lo mismo que luego llamaron “estado de bienestar”, basado en las teorías de Keynes. También se parece a todo aquello que denominaron comunismo donde, que es a lo que quiero llegar, alguien se encargaba de la felicidad prometida a los demás a base de ceder libertades. El capitalismo y el comunismo son dos formas de someter a un pueblo repitiéndole una y otra vez que es una decisión de todos para el bien de todos. Ganó el capitalismo porque, probablemente, dispone de la maquinaria de la publicidad. Estamos a mediados del siglo XX.  Los gobiernos juegan al juego de “ya estamos aquí para solucionarlo todo” y Polonia es Asia. ¿Qué pasa ahora? Que cuanto más estúpido sea el ciudadano más sencillo será que las cosas no cambien. Hagamos, como dijo Fromm, que se preocupe por la tapicería de su utilitario, que se quede las noches trabajando para consumir los mismos productos para los que trabaja. Que su meta no sea otra que ir a un evento deportivo, cambiar de teléfono, ir de vacaciones o quejarse. Quejarse, cuando es algo constante y no resolutorio, es un rasgo de estupidez. Los últimos años del siglo XX fueron la eclosión desmesurada de la estupidez. Los derechos laborales, buenos en un principio, se convirtieron en las excusas para intentar cobrar sin trabajar. Las mejoras en seguridad automovilística un motivo para hacer tonterías conduciendo porque había creencia de inmunidad ante el choque. Las ayudas sociales, necesarias, crearon una clase social dependiente. La adaptación al final del siglo no era una adaptación de mejora sino de la forma de la obtención del mayor resultado al menor esfuerzo y la búsqueda de metas absurdas: salir en televisión por acostarse con un famoso, ser una estrella con coches caros y cicatrices de cirugía que no se noten, cobrar más por trabajar menos. Alargar, en realidad, la infancia casi hasta la muerte. La infantilización de la sociedad es absoluta. Los ciudadanos se convierten en niños a los que se les tiene que cambiar el pañal de la protección y donde descubren, como malcriados, que el que más grita, el que más se deja, el que hace la monería más grande es el que obtiene mayores resultados. Es decir, el más estúpido gana. ¿Cuál es la decisión a tomar?. Ser más y más estúpido. En ese caldo de cultivo vemos la evolución de la sociedad y esa evolución responde a las necesidades de la mayoría. En el siglo XIX se hacían carreteras, presas hidroeléctricas, medios de locomoción duraderos. A finales del siglo XX las grandes mentes se sentaban a pensar como meter a los consumidores en la rueda de algo nuevo que tampoco necesiten y la forma de transmitir fútbol en mayor calidad por televisión. La gran evolución del vídeo por internet respondió a la necesidad de ver más y más porno. No seamos hipócritas. La mayoría, igual que lo de la democracia, impone sus necesidades a resolver y no son comer ni hacer el mundo mejor. Son ver porno, tener wifi, llevar el coche más grande y tocarse las pelotas lo más que puedan la mayor parte de tiempo posible mientras un ente llamado gobierno tiene la obligación de ocuparse de todo lo demás. Eso solamente puede, en poco tiempo, acabar con la humanidad. Eso es estupidez. Erradiquémosla.
 -¿Erradicar es aniquilar?
 -No- responde Manuel con una sonrisa autocomplaciente- Erradicar es curar. La estupidez, y eso es un buen titular, se puede curar.
(...)
-Me explico: cuando una persona se ha convertido en uno de esos que hacen de la estupidez su bandera no cree, jamás, en su propia estupidez. Así que se jacta de ello y genera un discurso sesgado en el que ha conseguido una ventaja sobre los demás. Me da igual el motivo: un producto más económico, no pagar impuestos, fingir una baja laboral o ganar más con menos rendimiento. Nunca incorpora sus contraprestaciones generales: que no haya servicios públicos o que sus compañeros tengan que trabajar más porque, en realidad, no tiene empatía aunque sí necesita una aprobación ajena. Ese es un punto negro. Entre aquellos que le escuchan aparece uno que piensa que si el primero lo ha hecho él también puede y ese, ese es un infectado. Y ese último es recuperable. Se puede curar porque hay un mecanismo mental reversible.
(...)
. ¿Cómo se educa a un adolescente?. Haciéndole ver que debe de esforzarse para conseguir algo, que tiene que pensar, mejorar, trabajar.- Y saca el dedo índice- Y además en la dirección adecuada. No tenemos una sociedad tonta sino preocupada en tonterías. Abrimos el grifo y hay agua. Es un puto milagro. Pero hay que recordar de vez en cuando que eso es un milagro en vez de hacer creer que el agua potable y cristalina saliendo del grifo es un derecho constitucional que brota de la democracia como si los manantiales obedecieran a la constitución y a las firmas en internet
(...)
-¿Los puntos negros no se pueden recuperar?- le pregunta. –Probablemente no- le responde con resignación -¿Y qué hará con ellos? -Serán daños colaterales  (...) -Piensa en la pena de muerte. Es una barbaridad. Lo es porque existe la posibilidad de equivocarse. Porque podemos ser tan asesinos como aquel al que se decide matar. Una sola equivocación es nuestra condena. Pero –entorna los ojos- ¿y si no hubiera ninguna duda?. ¿Y si supiésemos con certeza que ese tipo que, digamos, ha matado a unas niñas después de violarlas lo volvería a hacer?. No hay posibilidad de error. En ese caso, quizá, la pena de muerte podría tener una justificación. Bien. Yo tengo esa justificación.

29 de marzo de 2017

Miedo a las pequeñas cosas

Hay una canción de DefCon2 titulada "pánico a una muerte ridícula". Dice: "Electrocutarse al cambiar una bombilla. Suicidarse sin mirar la Primitiva. Ahogarse en la piscina de un barco. Desnucarse en la bañera fornicando. Pánico.Pánico a una muerte ridícula.". Cada uno tiene miedo a lo que quiere.

Hay quien tiene miedo a los grandes retos y quien tiene miedo al ridículo. Hay quien tiene miedo a los arácnidos y no puede ver Spiderman. Mi padre tenía pavor con los reptiles. Yo tengo miedo a las pequeñas cosas.

No tengo miedo a la muerte porque según pasan los años me parece más un periodo de descanso. No tengo miedo a caerme del tren de la vida (o tropezarme alguna que otra vez, cosa que he hecho con grácil habilidad) pero sí tengo miedo a no pasar la ITV del coche. Es un miedo muy tonto. Tuve, de una forma absolutamente irracional, miedo a renovar el dni por si en medio de la comisaría me confundiesen con un terrorista y terminase en Alcatraz gritando, desde mi celda, que es todo fruto de una equivocación, que soy inocente. Y no poder llamar a mi madre a las 21:30, con lo que eso genera de conflicto familiar. El miedo es libre. Dar un disgusto a mi madre, el principal carbón de la caldera a vapor que es mi maquinaria actual.

Sin embargo los miedos, como las ideologías o la comprensión lectora, son siempre susceptibles de juicio. Son como las enfermedades. "Oh, qué miedo me da el cáncer"- pues sí, es mucho miedo. "Oh, qué miedo tengo a un catarro"- tú eres idiota. Vale. Pues yo soy de los que tienen miedo al catarro. A no poder ir con mi drama por ahí encontrando un poco de comprensión para el mal enfermo que soy. A que sea tachado de quejica ridículo. A ser el pastor gritando ayuda porque una oveja se ha clavado una astilla en una patita. Si viniera el lobo no tengo problema en enfrentarme porque en el entierro seré el que murió ante un animal salvaje o, en mi recuperación, el hombre que mató al lobo. Gano siempre. Pero no soporto la idea de ser el tontaina que murió de un catarro, el sujeto de los chistes, el que ganó el premio Darwin

He de aceptar, cual alcohólico en periodo de recuperación, que me ha generado más problemas que ventajas. Soy capaz de saltar al agua desde muy alto pero no me sé meter poco a poco en el mar Cantábrico. Puedo acetar el reto del compromiso para siempre pero soy un mal compañero de esos de "conozcámonos para ver qué pasa". No soy un mal amante, si es que jugamos a que hay un final cercano porque ya me sé cómo acaba la historia.  Me vi dispuesto a dejarlo todo siempre y cuando fuera un salto al vacío pero me pesa infinita la mochila que voy cargando, si es que me la he de llevar. Me cuesta sobremanera conducir hasta la frontera de mi comunidad autónoma pero luego salto provincias como una ardilla de árbol en árbol. Es casi irónico, pero es así. Es más largo el camino al garaje que mil kilómetros hasta la iglesia que está junto a su casa. Nunca llegué.

He aprendido a enfrentarme a las peleas por el campeonato del mundo contra un mulo que me reventará la cara a hostias pero me bloquean los combates contra sparrings sin público en un gimnasio. Me quedo quieto con los abrazos pero no me tengo en mala estima si es que tenemos que inundar la habitación de olor a sexo. Configuro con destreza equipos informáticos imposibles y me preocupa que el ratón de 5€ no sea lo que espera el cliente. Es una estupidez de la que soy consciente: tengo miedo a las pequeñas cosas. 

Quizá es miedo al ridículo, a la ordinariez de la vida. A no cerrar bien el tubo de la pasta de dientes.
A aceptar que no soy capaz de diferenciar claramente la derecha de la izquierda.

No tengo miedo al infierno ni al cielo. Tengo miedo al limbo. A no llegar. A vivir a medias

24 de marzo de 2017

Lo que los demás crees que es, es.

No es lo mismo que te lo diga yo a que te lo diga un aliento nuevo después de la tercera cerveza. En mi caso sabes donde están las heridas cicatrizando y hay veces que te gusta creer que no hay heridas ni taras, que el hallazgo del nuevo mundo es el destino y, sin embargo, suena mi voz desde lejos por las mañanas, a veces, si es que no hace el suficiente sol.

No es lo mismo un disco de Leiva o de Sabina y se empeñan en cantar a dúo cuando uno sonó a verdad hasta el mentiras Piadosas y el otro siempre me suena a farsante.

Estamos llenos de prejuicios no por el contenido, sino por el continente de los alientos.

Da igual que el mismísimo demonio, en un acto de contricción infinita, venga a salvarnos la vida. Saldremos corriendo en dirección contraria a abrazarnos a uno vestido de ángel. No se escucha a los malvados ni tienen sentimientos los enemigos.

Sólo les hacen faltas a nuestros delanteros. Sólo tienen razón los políticos que os caen en gracia y de ahí la diferencia entre prevaricar o desfalcar, ser un cabrón o un gilipollas. Un bocazas o un imbécil. Un inútil o un desalmado. No debe de acertar, ni por error, el investigador que quiere acabar con el cáncer si es que acaso es de la otra universidad. Da igual el cáncer. Perder ni a las chapas, que decía un perdedor.

Estoy hablando de la manera más partidista que tenemos en el mundo moderno de ponernos las zancadillas.

Mi madre dice que uno es tanto lo que es como lo que los demás creen que es. Mi madre es sabia. No lo dice desde un estudio antropomórfico del mundo ni desde un análisis, sesudo y estadístico, sobre el comportamiento humano. Lo dice con la atalaya de sus 86, que es mucha más titulación que unos cuantos máster rellenando curriculums. Cuando los demás se empeñan en que eres alto, lo eres. Cuando los demás se empeñan en que eres tonto, lo eres. Cuando los demás, poseídos por la marea desconcertante de la "arquetipización", consideran que eres un crápula, podrás demostrar que llevas años sin pisar un bar y jurarán que te vieron borracho a las tres con dos componentes del equipo checoslovaco de natación sincronizada en un burdel mixto.

Hay, cada vez más, mentiras en forma de meme que se convierten en verdad.

Dura más una mentira socialmente aceptada que la vida media de un smartphone.

No es lo mismo que te diga al oído lo que pasa, no es lo mismo la verdad susurrada por mi que la mentira por un predicador con seguidores en twitter y un halo de santidad pagado de repercusión social. Te volví loca dando la razón a unos y luego a otros porque sólamente quise fijarme en el contenido de las palabras y no en las voces que las pronunciaban. Acepto equivocarme el 44% de las ocasiones, 45 el dia 30. Te alerté de acantilados y nos hicimos fotos en el extremo de alguno sabiendo que si resbalabas me iría detrás. No te suena a verdad cuando te digo que tengo ganas de verte. Crees que es un juego porque , quizá, los demás me pusieron en el rol de jugador. En el rol de alto, que no lo soy, de tonto, que puede, o de crápula sin saber lo que cuesta una cerveza. O de reptiliano.

Cada vez que uno sale en la radio, en una red social o en una declaración jurada poniendo en duda un argumento porque lo ha dicho "el otro", le retiro el voto.

Pero es más rápido que argumentar en contra y mucho más, por supuesto, que aceptar que quizá si, quizá el cáncer lo curó el otro. Muchos prefieren la enfermedad a aceptar las derrotas y así sólo hay cadáveres en las calles. Me dan mucho asco los políticos que juegan a "yo soy el bueno y tú eres el malo". Me dan pena sus votantes.



A veces paso junto a mis cadáveres, que soy yo fallecido de mil flechas diferentes. Una por cada prejuicio.

Me han llamado de todo. Lo he sido todo en muchas mentes. Lo difícil es ver lo que soy, si es que lo fui. Californication es la historia de amor de un perdedor empeñado en no ser feliz.

16 de marzo de 2017

"Recompensorio"

Es una concepción absurda y estúpida de la parte comercial de las relaciones sociales. A veces no es algo económico porque, en realidad, el dinero es la forma de cuantificar algunas de las aportaciones o la parte fría que tienen las recompensas.

A veces es un abrazo. A veces unas croquetas. En algún momento excepcional es una mirada y otras veces son las yemas de los dedos en lugares insospechados. Pero todas, absolutamente todas las ocasiones es una recompensa.

Y la recompensa, como si fuera una bofetada para aquellos que hablan de eso de que hacer el bien es satisfactorio en si mismo, tiene siempre un componente externo y de esfuerzo ajeno. Lo siento. Uno es recompensado cuando alguien decide que la primera acción requiere una reacción contrapuesta que la devuelve y agradece. Ni siquiera debe de ser en la misma medida. Nuestros padres dejaron a un lado las diversiones que nosotros consideramos propias y nuestros hijos un derecho para que luego les devolviéramos los ratos a su lado que necesitan cuando se hacen mayores y niños a la vez, que es lo que se llama envejecer.

Una señora me trajo un bizcocho a la tienda cuando le puse unas jotas en su teléfono. Otro caballero se fue sin decir nada después que luchara por ponerle la banda sonora de "la muerte tenía un precio" como politono. Ninguno me compró el teléfono y en los dos casos me quedé, lerdo y lastrado, esperando una recompensa. Porque de eso se trata. He hecho tantos equipos personales brillantemente configurados a la medida que debería de tener lista de espera para los agradecimientos y no la veo. Si, el día de mi muerte prematura, oigo más de tres veces lo bueno que he sido me apareceré todas la noches en forma de fantasma de la hipocresía.

Hice el mal y me equivoqué todas y cada una de las veces que después pedí sinceramente perdón, porque estoy lleno de errores y contradicciones. Sin embargo estuve en cada momento que creí que me necesitaban y, como la canción poco valorada de la unión, me pregunté donde estaban en los malos tiempos.
Es cierto. Es jodidamente cierto que el desarrollo incierto y misterioso de la vida hace que quien no queremos se desvanezca y que hay quien permanece o incluso vuelve de los infiernos. También que existen momentos en los que se hace el silencio antes del nuevo ruido. Es más, aparecen ruidos que no nos gustan en intermitentes periodos de ametrallamientos de los valores que considerábamos invariables. Es un encanto y un misterio. Es un billete para el carrusel de las sensaciones que tenemos comprado de serie.

Yo pertenezco a la generación a la que convencieron que el esfuerzo tiene su recompensa. Me llevo esforzando demasiado tiempo como para pensar seriamente en plantarme y exigir mi puta recompensa. Suspensorio es un calzoncillo diseñado para proteger los genitales masculinos de una actividad vigorosa. Recompensorio debería ser una recompensa diseñada para convencer a alguien que merecía la pena el sacrificio vigoroso. O la espera. O las horas en silencio.

No me vale la satisfacción de lo hecho. No me vale. -El problema lo tiene usted- me dice mi psiquiatra. -Lo sé- le respondo- pero lo necesito. Y ya no me vale un bizcocho porque me he ganado la fábrica entera.-

-Así no mejoramos
-Lo sé.

Vivo en un oximorón cuando se trata de sentir las palmadas en la espalda.

13 de marzo de 2017

Ser moderno es no tener cuello

Uno de los problemas principales que tiene la modernidad contemporánea es el desprecio por el pasado.

Voy a poner un ejemplo: el messenger. No el del facebook, que se llama igual pero no es lo mismo. No salen esos dos muñequitos. Alguno será capaz de recordarlo. Aparecían nuestros contactos con sus estados y nos decía si estaban online o no. Mandábamos mensajes. Tenía dibujitos que ahora se llaman emoticonos. Hablabas y te respondían y si tenías la suerte de tener una tarjeta de sonido full dúplex hasta podías interrumpirte. Tenía videollamada. Vamos, que era lo que quiere ser el whatsapp, pero el whatsapp es la puta modernidad.

Si, es verdad. Desapareció fagocitado por el skype (que sigue siendo una maravilla que incluso hace traducción en tiempo real para el que no lo sepa). Se lo llevó por delante esa revolución móvil que no vieron aquellos como yo para los que la revolución no eran mejores máquinas sino poderlas llevar con las llaves de casa para rallar la pantalla. Pero, joder, en 1999 ya teníamos lo que ahora nos quieren decir que es lo nuevo.

Si nos fijamos en los anuncios y en las grandes o pequeñas startups lo que nos venden como nuevo no lo es. Alquiler de casas ya hacía mi abuela. Compartir coche lo hacían con las diligencias. Ha cambiado la forma de venderlo pero el producto, tal cual, ya estaba ahí. Vender el candelabro de la tatarabuela de segunda mano se hacía en una cosa llamada rastro.

Hay pequeños detalles que parece que lo poseen todo: que si el coche aparca solo, que si cuando tu prima te manda un mensaje se oye por los altavoces o que te dice el camino más rápido para llegar a casa. Pero la realidad es que se aparca y te lleva a casa. Eso lo hacía mi tía con un Seat 124 1430 (léase catorcetreinta) en 1975. También mi abuelo taxista con un Hispano Suiza antes de la guerra civil. Nos venden quitadores de colesterol embotellados pero tu madre aparecía con un zumo de naranja diciendo que lo tomaras antes de que se fueran las vitaminas (esa es una de las grandes mentiras del ejército de las madres para que nos levantásemos). El bífidus es la madre del ciudadano soltero que vive solo

Los creativos de Volkswagen hicieron un anuncio exclamando que su coche tenía Ziritione, que no era nada, para reirse de la modernidad.

Las fichas perforadas, las cintas de cassette, el dvd, los discos duros y los discos ssd m2 tienen la misma base, pero han mejorado en eficiencia siendo 0 y 1 cuando los miras muy muy de cerca. Pero el queso es queso, los hoteles hoteles y ligar viene a ser más o menos lo mismo aunque ahora, como somos más, es un mercado de carne que pasa por nuestras pantallas eliminando el componente del cortejo a lo mínimo.

Algunos creen que los electrones que les llegan a su casa son verdes, mucho más verdes que el insolidario de su vecino, porque contrataron una tarifa green. Creen que hay un duende con cara de ecologista que discrimina si la intensidad está generada por combustibles fósiles o por molinillos de viento. Y lo creen porque se lo vendieron así, usando su conciencia poco razonable para acceder a su cartera.

La colonia no es colonia, es un medio de seducción.
Los alimentos son una manera de comprar felicidad. Nadie se alimentaba o era feliz en el siglo XIX
La democracia una manera de alquilar superhéroes para cuatro años.

La modernidad se basa en vender más o menos lo mismo e intentar que no se mire atrás para poder repetir las ventas de hace 25 años. Han sacado un donut de la pantera rosa. No es vintage, es futuro.

Si miras atrás te rompes el cuello pero también descubres que la mayoría de lo que viene, estaba.

En un mundo ansioso de moderneces no ha cambiado lo que nos venden sino la forma de venderlo.

Los millenials flipan con el 3310. 


Pd: el título no significa que Fernando Alonso sea moderno. (humor)

11 de marzo de 2017

Los pies en el barro.

Del capítulo 32...

"No es difícil entender que las normas o las leyes son necesarias porque hay que marcar unos parámetros que no hay que sobrepasar, unos comportamientos que no hay que repetir. Unas salvajadas que no hay que cometer. No es necesario un límite de velocidad si no hay accidentes por conducir rápido. No hay policías si no hay delitos. No hay delitos si no hay delincuentes. En un mundo ideal en el que no se delinque sobra el resto de la ecuación. Sin embargo mantenemos, con más fortaleza que nunca, la defensa de las normas y el cumplimiento de las mismas.
(...)
Tal y como nos lo explicaron un estúpido no es capaz de ver las consecuencias de sus actos a largo plazo, priorizando el bien personal inmediato contra el mal, incluso propio, en un periodo de tiempo más lejano. Es incapaz de empatizar y se exime a sí mismo de responsabilidad. Es lo que llamábamos en el colegio “un tonto a las tres”. Pero es cierto que lo que han hecho durante tantos años tantos estúpidos deja sus consecuencias y, en definitiva, los barros en los que metemos los pies muchas de nuestras mañanas.

Tenemos horarios porque hubo que ponerlos para que no se los saltasen los vagos. Tenemos que pagar impuestos porque la contribución personal filantrópica era lo mismo que nada. Tenemos cerraduras en las puertas porque algunos tenían la costumbre de entrar en nuestras casas a llevarse los candelabros de la abuela. (...). Casi todos los estúpidos, por norma o por naturaleza, han desarrollado sus estupideces a lo largo de los años. Quizá a lo largo de demasiados años. Han generado expectativas y una forma de vida. (...) Tenemos los pies en sus barros y la vida llena de todos los intentos que hicimos para pararles. Normativas, impuestos, horarios, sanciones, policía, ejército, guardias urbanos con y sin silbato. Lo hemos considerado normal pero no lo es. El cambio lógico debería ser una progresiva y necesaria laxitud en las leyes hasta la hipotética sociedad perfecta en la que nuestro sentido común nos regule. Algo muy bonito. Algo que un hippy cargado de flores podría firmar sin dudarlo.


Existe una historia en el que una sociedad elimina todas sus armas, aparece un tipo con un palo con un clavo en la punta y les somete a todos.

En un mundo feliz un solo estúpido nos hará infelices a todos"




Extra del capítulo 32 también:

"Te voy a decir que es bastante más complejo que tengan relaciones dos personas, digámoslo, inteligentes. Los estúpidos, y más en lo que se refiere al control de los instintos básicos, nos ven más allá de sus genitales. Sin embargo el sexo es mucho menos habitual entre personas de una mayor capacidad razonadora porque valoran consecuencias. Es francamente curioso aceptar que a mayor atracción intelectual se produce una menor intensidad sexual. Consideran las derivas morales y personales de sus actos. Ya no solamente la procreación sino los lazos sentimentales que se generan tras el sexo. No son perros, por decirlo de una manera. (...)  Parece mentira que la gestión de los instintos más básicos: comer, dormir, follar… sea también un rasgo de identidad de la estupidez. Los estúpidos tienen mucha más tendencia a los desórdenes alimenticios, al desarreglo de sus biorritmos y, como supondrás, al sexo deportivo"



Pd: que sepáis que, salvo que los personajes se empeñen en cambiarlo, ya hay final.

27 de febrero de 2017

La historia de mi único disfraz

Aunque ella nunca lo tendrá en cuenta sabe que le guardo un cariño muy especial.


El caso es que era un sábado a media tarde. No recuerdo de dónde veníamos pero descubrimos una tienda de esas de chinos horrenda en la que los artículos se acumulan en las estanterías. Entramos. En la planta de arriba había una colección de disfraces. -Hagamos una cosa- dije con cara de travieso- Elígeme un disfraz pero no me digas cual es. Yo haré lo mismo contigo.- Creo que me acerqué a su oído. -Luego nos vamos a tu casa y tú te lo pones en el cuarto y yo en la cocina. Y nos encontramos en el salón. Y follamos en el sofá con nuestros disfraces-. Ella aceptó el reto. Yo me fui a la zona de chicas y estuve mirando. Vi el disfraz de cortesana y el de enfermera sexy. Vi el de Batwoman. Vi uno muy corto de blancanieves. Ella se reía en su lado, que era justo en el pasillo opuesto. y me decía que si quería ir de militar y yo insistía en que no me lo dijera. Oía sus carcajadas y también los "uy" de sorpresa. Notaba cómo sacaba las perchas y cómo dudaba. Por mi parte elegí un disfraz de chacha corto pensando que aquellos pechos se iban a salir y que el complemento de la cofia y del plumero podía darnos bastante juego. Lo escondí y me fui a la caja donde la esperé con mi ticket en un perfecto chino cantonés.

Ella llegó un poco más tarde con su elección. Yo no quise mirar. Dejamos los disfraces en el coche y nos fuimos a su casa después de comprar algo de vino y una tonterías para el hambre que llega después. Se lo di y se fue a su cuarto. Yo me empecé a desvestir en la cocina. Dejé la ropa en los taburetes del desayuno y abrí el paquete. Me sorprendí.

Un momento después le pregunté si estaba preparada. Me dijo que sí. Abrimos las puertas y nos encontramos en el salón. Ella brillaba como lo hacen los plásticos. Tal y como había supuesto sus pechos se juntaban turgentemente cada vez que movía el plumero con cuidado de que no se le cayera la cofia. Y yo estaba andando con dificultad por unas especie de zapatillas palmípedas muy difíciles de poner cuando en las manos tienes aletitas naranjas del disfraz de cuerpo entero de pingüino que habia elegido para mi. Un disfraz, he de decir, que estaba diseñado como un mono de obra y que debía de quitármelo completamente si es que me entraban ganas de ir al baño en medio de la celebración. Una cresta naranja también, a juego con una corbata, remataba el disfraz. -!Qué mono estás!- me dijo. -Creo que no has entendido el objeto de este juego- respondí mientras me negué a que me hiciera una foto.

Después vimos una película y nos reímos sin tener sexo.

Sólo tengo un disfraz, uno de pingüino y en el armario. Con muy poco uso. Cada carnaval me acuerdo de aquello y la recuerdo con un beso y riendo, que es como se recuerda con cariño aunque yo quería recordarla de pornochacha. No fue. Es una más de mis frustraciones.

26 de febrero de 2017

Los idiotas que están aquí para salvarte.

Hay una diferencia importante entre dos tipos básicos de gilipollas. Uno lo es y el otro está aquí para salvarte.

Los idiotas convencionales pudieran ser ese tipo sonriente y aseado que va al instituto de una comedia americana en su coche joven y deportivo para ser el capitán del equipo de baloncesto e invitar a la jefa de las animadoras al baile de fin de curso. Quizá, salvando los accidentes culturales que tienen los años ochenta y ahora, puede ser Sheldon Cooper. En todo caso son ese tipo de personajes que viven en su mundo sin pedir nada más que su entorno cercano se adecúe a lo que le interesa, sin mucho más y sin ninguna pretensión más. Britney no quiere que seas tan guapa como ella, es más, le gusta ser la más guapa o la más lerda o la más rara pero necesita que exista Betty, la fea, para remarcarse en sus decisiones y en su mundo. Pudieran ser los pijos o los de la fraternidad alfa beta gamma. Crean un mundo en el que son el centro y en el que, por lógica absurda, el resto del universo quiere ser como ellos, ser lo que representan, tener los dientes perfectos.

Los otros idiotas se levantan por la mañana con la firme revelación de haber encontrado El Dorado de la verdad. Siempre es algo magnífico: democracia, libertad, igualdad. Siempre luchan contra un "ismo": machismo, fascismo, capitalismo. Siempre tienen razón y siempre están ahí para salvarnos. Quien haya hablado con un vegano recalcitrante lo sabe. No esperan que los demás, en uso de su libertad, sean como ellos sino que lo exigen. Cualquiera que no sea como consideran es, sencillamente, el enemigo. Es muy sencillo serlo porque preguntar por el motivo de su guerra es, directamente, una declaración de la misma sin saberlo. Luchan contra todo y todo es una gran conspiración que nos lleva a nuestra propia destrucción pero ellos, casi como unos iluminados tocando la pandereta por la calle, nos avisan de la llegada del fin de los tiempos. Eso sí, escribiendo pancartas en comic sans con sus iphone sobre telas compradas en los chinos que abren los domingos para luchar contra el capitalismo y la explotación infantil. Pero eso son detalles que les hacen certificar que el sistema es corrupto.

Unos son una lacra porque están perdidos y los otros son peligrosos porque están convencidos.

Pd aclarativa: no es lo que se piensa sino la imposición de una nueva verdad (y más aún con las mil contradicciones. Voy a poner un ejemplo verídico: un gobierno recién llegado a cierta provincia cree que debe de mejorar las condiciones de vida de las vacas de dicha provincia. Entonces hablan con expertos en vacas y establecen que para que una vaca sea feliz ha de disfrutar de, digamos, dos metros cuadrados de hierba. Hacen una ley que obliga a que cada vaca tenga ese espacio y los ganaderos hacen sus cuentas y van al gobierno explicando que con esa ley necesitan el doble de espacio en la provincia porque no hay tierra para tanta vaca. O las matan o invaden la provincia de al lado. Y nadie quiere más a las vacas pero... en fin...).

Pd2: Para llegar a un lugar amable hay que dar pasos pequeños desde donde estamos y desde el lugar de partida que tenemos para aproximarnos a donde queremos llegar. A ser posible buscando opiniones inteligentes diferentes a las nuestras que nos ayuden a ir por el camino adecuado. Es más lento pero parece más correcto.

No discrepo de los grandes valores pero sí de la consecución de los mismos. 

25 de febrero de 2017

Todas nuestras derrotas

Siempre hay una solución / para vencer esa adicción que tenemos a ganar / y destronar la vanidad / de esa amarga tentación / de apatra de ciudad / y es mi revelación / mantra que soñe / todas mis derrotas son amantes que amé / Es todo lo que soy / vencido y vencedor / a la vez. // Y el aliento del león / es un perfume embriagador / que sodomiza nuestro amor / Y queremos el control / Esta es la celebración / de mentir al vencedor // y es mi revelación / mantra que soñe / todas mis derrotas son amantes que amé / Es todo lo que soy / vencido y vencedor / Es todo lo que soy / Vencido y vencedor / A la vez, a la vez. A la vez. A la vez / Vencido y vencedor a la vez.


Santos. Del disco "El sueño del mamut", donde también está esto: EN CALMA.

(Otro ejemplo más de cómo hay música pero por alguna razón se castra la calidad en el mainstream)