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23 de mayo de 2012

Domingos, hijos, felicidad y valentía

Creo que era un domingo luminoso. Ni siquiera era mi casa. Dejé los pasos atrás haciendo ventosa sobre el parquet del pasillo y aproveché el conocimiento previo que tenía de la cocina. Hice café con una de esas cafeteras italianas pequeñas que viven en las casas de las solteras y me dispuse a preparar un par de tostadas. A mi espalda, casi como una aparición, llegó con unas zapatillas blancas, el pelo despeinado y un albornoz. Su culo se movía despacio mientras se apoyaba sobre media naranja exprimida. El motor del exprimidor lo llenaba todo y cuando me quise dar cuenta sobre una pequeña mesita había dos manteles, mantequilla de esa que se compra envuelta en papel, un par de cucharillas, el azucarero blanco, una vasija también blanca y pequeña con leche y ella sentada en la silla del centro. Yo me senté en un lado de la mesa y untamos las tostadas convirtiendo lo blanco de la mantequilla en esa grasienta y amarillenta capa que abriga al pan como un papel transparente.

-He pensado- me dijo y la miré- que me gustaría tener un hijo.
-¿Cuando?- respondí
-En verano.

Lo siguiente que recuerdo es que todo se estropeó.


Deduzco que es el beneficio que produce la valentía que no pude, no quise o no tuve mientras alargo mi adolescencia hasta límites insospechados.

3 comentarios:

IPARRAJOSE dijo...

ESO ES RELATIVO. CIERTO SI NO TIENES EN CUENTA EL MIEDO QUE TE DA TODO LO NORMAL DESDE EL MOMENTO EN QUE NACE. MIEDO AL FUTUTO, MIEDO AL PRESENTE QUE YA HA PASADO.
PODRIAMOS HABLAR LARGO, LARGO...

IPARRAJOSE dijo...

Lo cierto es que igual que siempre digo que tenía un pareja con la compartía mi vida hasta el momento en que nació mi hija (que de repente me apareció una madre)tambien tengo que decir que el chip te cambia. A partir de ese momento no te cambia la vida sino que comienzas otra diferente: tu casa cambia, tu pareja cambia, tu posición en la familia cambia... y claro ya no eres el que eras... y entonces, o te adaptas y "haces" de padre (porque para ejercer deberías estar acreditado, si no cualificado) o te apuntas a un txoko. Bueno, ya me entendéis ¿o no?

Anónimo dijo...

Me ha pasado lo mismo, pero con los roles invertidos; la que ha dicho que no quería hijos he sido yo. Y no ha sido una decisión por miedo al futuro en mi caso, sino porque realmente nunca he sentido la llamada maternal, ni de lejos, vamos; además, no encuentro ninguna motivación (por llamarlo de alguna forma) para ser madre. Ser madre supondría para mí un sacrificio de tiempo, esfuerzo, recursos, etc. que no me apetece hacer. Además, parece ser que las madres son madres "a tiempo completo" para el resto de su vida. Uf, no, yo no sirvo para eso. Que se reproduzcan otros.
Saludos.